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¿Cuáles son los ejes estratégicos del Gobierno riojano para salir de la crisis?

Con miras al 20 de mayo el Gobierno se propone dar abundantes señales de que está decidido a transformar problemas de fondo y no sólo nadando sobre la emergencia. Por un lado la urbanización ya se transformó en una política de desarrollo y el Plan “Angelelli” muestra el avance de viviendas y servicios, que permitirán rescatar de la marginalidad a cientos de familias riojanas. En el mismo sentido y en medio de una profunda incertidumbre económica, la coparticipación generó expectativas positivas: marcó un nuevo récord de 5.056 millones de pesos en abril, asegurando el anuncio de una mega-inversión de 700 millones en infraestructura hospitalaria.

El Gobernador Ricardo Quintela evaluó durante estos días puertas adentro y con sus allegados, que la crisis sanitaria ocasionada por el Covid19 es una consecuencia de problemas estructurales y sistémicos que el mundo viene gestando y que La Rioja no es la excepción. Pero en ese sentido reflexionó que la pandemia no debía constituirse en la causa del Gobierno. Más bien les pidió a sus hombres y mujeres de confianza, que busquen establecer las causas profundas para el bienestar de cada persona.

Esta visión explicaría el ímpetu que el Gobierno está poniendo en generar varias acciones de gestión política, que apuntan a dar solución a problemas casi endémicos, que llevan años de acumular parche sobre parche.

Planes sostenibles

El plan Angelleli es una muestra de cómo pretende la administración Quintela encarar la gestión. No se trata sólo de solucionarla la carencia de una vivienda digna, la acción pretende generar nuevas condiciones de urbanización y utilizarlas como base para el desarrollo y progreso social. Una cuestión desatendida sistemáticamente por muchos gobiernos que estuvieron al frente del ejecutivo provincial en los últimos años.

Es cierto que se construyeron miles de viviendas, pero en muchos casos con escasa planificación de servicios, ubicación y funcionalidad. Ni hablar de los costos y calidad de las construcciones en varios de esos programas.

Pueden parecer sutiles las diferencias de enfoque de Quintela con respecto a sus antecesores, pero las ideas ya se comienzan a materializar en la calidad y amplitud de las viviendas sociales y la planificación urbana donde se insertan estas soluciones habitacionales.

Resulta paradójico a simple vista como un Gobierno cuya mirada no parece estar tan centrada en la obra en sí, sino más bien focalizada en el ser humano como destinario final de toda política pública, da como resultado construcciones de mayor calidad y funcionalidad.

Otro caso testigo también es el Paseo Cultural Pedro Ignacio de Castro Barros que se reinaugurará el 20 de mayo en el marco del Plan Federal de Turismo y Culturas. La ex escuela Normal fue restaurada hace 10 años y la obra nunca se concluyó totalmente y tampoco se le incorporó contenido educativo-cultural-turístico estable. Así el Paseo se convirtió en un edificio multiuso, muy alejado de su finalidad en muchos casos, que precipitó su deterioro y descuido.

Quintela pretende que allí funcione un espacio con la calidad de los grandes centros culturales del país y de Latinoamérica. Por eso se encargó de que cuente no sólo con contenidos educativos y culturales permanentes, también con muchas comodidades y servicios para los turistas y visitantes; es así que quedará habilitado como el sitio refrigerado más importante y amplio del centro de La Rioja, para ferias, convenciones y encuentros.

La coparticipación tracciona el desarrollo

Cuando Quintela estaba asumiendo en diciembre de 2019, en Asia se estaba gestando la crisis humanitaria más profunda que probablemente marcará el siglo XXI. A los pocos meses impactó en Argentina y en La Rioja. Allí parecía que la pandemia había desmoronado los planes de impulso trasformador que prometía el Gobernador. Poco más de un año después, se enciende la esperanza que tal vez se pueda convertir a la pandemia en una oportunidad para mejorar la vida comunitaria.

En ese sentido la coparticipación de abril configuró un indicador positivo. Algo más de 5.056 millones de pesos engrosaron las arcas provinciales, provenientes de las transferencias nacionales. Esto significó un crecimiento en términos reales de 1500 millones de pesos con respecto al año pasado. Es decir que descontando la estimación de la inflación interanual, las transferencias tuvieron un incremento aproximado del 42,2%.

En abril del año pasado llegaron 2.437 millones de pesos en concepto de recursos de origen nacional y significó la recaudación más baja de todo el 2020. Este año, en el mismo mes, en términos nominales los giros nacionales aumentaron 107% es decir se duplicaron y un poquito más.

Se debe tomar en cuenta que en la recaudación de abril del año pasado impactó fuerte el cierre casi total de actividades comerciales y las restricciones de circulación, frente a una amenaza sanitaria que en ese momento era desconocida y a un sistema de salud que no estaba preparado para esa circunstancia.

Datos de la inversión en salud

Algo así como 700 millones de pesos fue la inversión que anunció el Gobierno durante la semana pasada. En total se sumarán 70 camas estratégicas en la provincia y las obras tendrán un plazo de ejecución acotado, ya que serán implementadas a través de módulos de construcción rápida.

Las obras constan de dos nuevos hospitales modulares para Tama y Sanagasta que sumarán 975m2, donde se distribuirán 10 camas, consultorios, sala de rayos y shockroom; totalmente equipados y con grupos electrógenos.

También se ejecutará un nuevo módulo de terapia intensiva y zona crítica para el hospital Enrique Vera Barros que ocupará 700m2, incluyendo 25 camas de terapia intensiva y 25 camas críticas con todo el equipamiento.

Los grandes retos que afrontará la salud pública

La pandemia dejó una certeza: nuestros sistemas de salud no son suficientemente robustos para la modernidad. Esto sucede con matices de desarrollo en la mayor parte del mundo. Es indudable que los gobiernos tendrán que realizar mayores inversiones en salud pública.

Francisco José Esteban Ruiz que es doctor en neurociencias de la universidad española de Jaén, publicó un artículo en el sitio de divulgación científica “The Conversation”, allí hizo una autocrítica sobre el sistema sanitario español, pero también visualizó que las políticas aplicadas en los últimos años, no fueron las más apropiadas para facilitar el avance del conocimiento científico.

Algo fundamental, aseguró el catedrático, teniendo en cuenta que la ciencia proporciona planes, herramientas, fármacos y vacunas para responder de un modo eficiente tanto a los grandes problemas de salud pública como a la desestabilización socioeconómica que suele acompañarlos.

Ruiz enumeró también la lista de desafíos que tendrán las políticas sanitarias en la década actual que fueron elaboradas el año pasado la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En resumen: estar preparados para futuras pandemias, reforzando los sistemas de salud; incorporar a la salud al debate climático; llevar salud a lugares en conflicto y crisis; lograr que la atención sanitaria sea más justa; combatir las terapias no adecuadas; detener las enfermedades infecciosas; proteger a la población de los alimentos no saludables; invertir en profesionales de la salud; proteger a los adolescentes, principalmente de accidentes de tráfico, de enfermedades de transmisión sexual, del suicidio y del uso de drogas; ganarse la confianza de la población, educando en salud; regular el uso de las nuevas tecnologías; controlar el consumo de los medicamentos que nos protegen e implementar condiciones de higiene sanitarias.

Es llamativo, pero el mundo está tan globalizado que todas las metas que planteó la OMS, parecen tan adecuadas para La Rioja, como para Alemania y para África también.

Ruiz citó en el artículo al presidente de la OMS, Tedros Adhanom, quién aseguro: “los países invierten mucho en proteger a su población de los ataques terroristas, pero no del ataque de un virus, que podría ser mucho más mortal y dañino económica y socialmente; una pandemia podría poner de rodillas a la economía y a las naciones”.

Mejorar la administración de la pandemia

Argentina seguramente estaría mucho mejor que Brasil si se pudiera medir el impacto social y económico que tendrá en el corto y el largo plazo la administración de la crisis. La política negacionista de la pandemia del presidente Jair Bolsonaro desembocó en una crisis humanitaria que recién comienza en el país más grande de Sudamérica.

Durante la semana pasada al anunciar las nuevas medidas, el presidente Alberto Fernández aseguró que enviará al Congreso un proyecto de ley que fije parámetros sanitarios y sus correspondientes restricciones. Se trata de una norma como la recientemente aprobada en Alemania.

El objetivo es que Fernández y los gobernadores puedan tomar las medidas sanitarias amparados en los parámetros que establezca la norma. Desde la oposición, el jefe del interbloque de Juntos por el Cambio en Diputados, Mario Negri, ya anticipó que bajo ningún punto de vista van a conceder facultades extraordinarias al Presidente.

Sin embrago, la norma parece buscar todo lo contrario: que se establezcan parámetros consensuados por las diferentes fuerzas políticas, basados en datos científicos para que los ejecutivos puedan aplicar las medidas y la población pueda tener anticipación basada en las estadísticas.

La ley Alemana está basada en las estadísticas y las investigaciones científicas, sobre cómo evoluciona e impacta el virus y los riesgos para el sistema sanitario, por ejemplo: cuando en una región se detectan más de 100 casos por cada 100 mil habitantes por semana, se debe aplicar el toque de queda nocturno. Además de los cierres de comercios no esenciales y suspensión de eventos. Si esa incidencia escala hasta los 165 casos, allí se debe suspender la presencialidad en las escuelas.

En la Argentina numerosos distritos están muy por encima de las variables que plantea la norma Alemana para el cierre de actividades y la suspensión de las clases presenciales. Sin embargo desde la oposición se niegan a debatir y consensuar para establecer parámetros, prefieren mantener la discusión en el plano de la emocionalidad que basarse en datos científicos.

La semana pasada desde este mismo artículo editorial se abonaba que una ley para manejar la crisis era una medida de madurez democrática, que podría permitir en la Argentina y en La Rioja establecer reglas claras y justas, mejorando seguramente el impacto de las medidas, puesto que todos los ciudadanos podrían advertir todos los días cómo evoluciona la pandemia y las consecuencias que esto tendría sobre las actividades.

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