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¿Distribuir dinero o distribuir oportunidades?

El gobernador Ricardo Quintela aseguró en su recorrida por San Blas de los Sauces que cuando desde el Estado se distribuyen recursos económicos, se están “distribuyendo oportunidades”. Puso así el foco una vez más en la desigualdad socio-económica como causa de la pobreza y no a la inversa, como lo intentan hacer ver desde los sectores financieros o desde la economía concentrada. En ese sentido es significativo como la gestión provincial combina elementos de inclusión con desarrollo productivo. Sólo dos datos de esta semana sostienen el razonamiento: La transformación de un basural de 84 hectáreas en el “Parque de la Familia” y el 122% de incremento de ventas de la producción de las empresas estatales riojanas, en el mercado nacional e internacional.

Tender a la igualdad de oportunidades, donde todas las personas puedan partir de una realidad más equitativa en lo económico y lo social es el impulso que parece haberle imprimido Quintela a la gestión. Tal vez en ese sentido la pandemia haya actuado como un catalizador para observar la urgencia de este enfoque.

El filósofo francés Jean Jacques Rousseau murió 11 antes de que se produzca la Revolución Francesa (1789). Y antes de publicar el famoso “Contrato Social” (1762), la obra clave para aquella gesta que dio inicio a la sociedad contemporánea con todos sus bemoles, escribió otra obra en 1755: “Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres”.

En resumen Rosseau aseguró en aquella obra maestra de la literatura que la desigualdad “moral” o social y política, entre las personas, no era natural. Ni producto de un designio de un ser superior. Es decir, sostuvo que la desigualdad era el efecto de la propiedad privada y de quiénes se apropiaban de las riquezas y sus beneficios. En otras palabras, pensaba que era producto de la cultura establecida y sostenida por hombres y mujeres.

En la actualidad existe el coeficiente Gini para medir la desigualdad económica. Se trata de un valor estadístico entre 0 y 1, que mientras más se acerca a 1 significa mayor desigualdad en los ingresos económicos de la población: los más ricos ganan más y los más pobres menos. Es decir que lo que se debería buscar desde el Estado es reducirlo.

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en Argentina en el trimestre abril-junio (el último que arroja resultados), la desigualdad fue de 0,434. Esto significó una baja con respecto a igual trimestre del 2020 donde había subido a 0,451, seguramente como efecto del parate económico ocasionado por la pandemia.

Pero 0,434 sigue siendo un valor alto de desigualdad, sobre todo si se tiene en cuenta que en ese nivel idéntico se encontraba el índice en el mismo trimestre de 2019, en plena recesión, antes que Mauricio Macri perdiera las elecciones presidenciales.

El Banco Mundial publica una significativa curva estadística del Gini de Argentina de los últimos 40 años. Allí se observa que el pico máximo (0,538) de este periodo fue justo después de la crisis del 2001 que acabó con el gobierno de la alianza.

Pero también se visualiza como las altas y bajas del índice de desigualdad coinciden con los ciclos de Gobierno y como en referencia al comportamiento de este índice, los presidentes de los últimos 40 años ganaban o perdían apoyo electoral.

Las tensiones que genera la redistribución

Esta semana que pasó el Presidente Alberto Fernández explicó en el coloquio de IDEA, un cónclave que reúne a los empresarios más poderosos del país, que no había ninguna prueba de que flexibilizar el mercado laboral mejorará la empleabilidad.

La oposición con un discurso amigable con ciertos sectores de concentración económica que buscan bajar costos laborales y maximizar ganancias, propone eliminar las indemnizaciones por despido.

En ese sentido, Fernández dijo a los empresarios que no debían ver al trabajo como un costo, sino como una inversión y cerró así cualquier posibilidad de reforma laboral.

También citó la investigación científica realzada por el Premio Nobel de Economía, David Card, que demostró que el sistema laboral no altera el comportamiento del trabajador si es más o menos flexible. Descartó con ese argumento que los trabajadores con mayores derechos se vean incentivados a ser despedidos.

China y el fin de la indigencia

En febrero de este año el Gobierno Chino anunció que la extrema pobreza había sido eliminada en su país de 1.400 millones de habitantes. ¿Cómo lo lograron?

En julio el Instituto Tricontinental de Investigación Social publicó un completo informe sobre como fue el proceso de setenta años, desde la revolución China en 1949.
Algunos números impresionan. El informe aseguró que en la “fase localizada” que es el período que comenzó en 2013, el Estado “invirtió 246.000 millones de dólares para construir 1,1 millones de kilómetros de caminos rurales, dar acceso a internet al 98% de las aldeas pobres del país, renovar las viviendas de 25,68 millones de personas y construir nuevas casas para otros 9,6 millones”.

Desde 2013, dice el informe, “millones de personas, empresas estatales y privadas y amplios sectores de la sociedad se han movilizado para asegurar que —a pesar de la pandemia— los 98,99 millones de personas de los 832 condados y 128.000 aldeas que faltaban, salieran de la extrema pobreza”.

En una reciente nota del diario Página 12, el periodista Esteban Magnani, realizó un análisis sobre la multicausalidad del proceso chino y destacó que en 2014, “800 mil miembros del partido Comunista salieron al campo e identificaron personas en pobreza extrema en 128 mil aldeas”. De ese trabajo surgió que la cantidad de indigentes eran de 98,99 millones.

Con esos datos y los objetivos claros, dice Magnanni que se movilizaron 3 millones de miembros del partido Comunista organizados en 255 mil equipos, para vivir y trabajar junto a los campesinos y pobladores locales donde había que cambiar las condiciones de vida.

Lo que sucedió en China fue una verdadera transformación social surgida de un proceso comunitario. El periodista de Página 12 analiza que “resulta difícil imaginar desde Occidente que millones de personas se movilicen para trabajar sobre la pobreza, un problema que suele ser visto como una responsabilidad del Estado y éste algo ajeno del ciudadano promedio”

Para concluir Magnanni observa que “el impresionante logro de la sociedad china demuestra que la lucha contra ciertos niveles de pobreza, es un desafío con múltiples niveles. La distribución del ingreso, la educación, el acceso a la salud son todos ingredientes importantes, pero no garantizan nada si operan aislados”.

“El hombre que está solo y espera”

El 17 de octubre de 1945, la manifestación obrera multitudinaria, sin antecedentes en el país, copó la Plaza de Mayo en Buenos Aires reclamando la libertad del entonces Coronel Juan Domingo Perón que había sido obligado a renunciar a sus cargos y detenido por el gobierno militar. A la noche del 17 la movilización permanecía en la plaza y Perón fue llevado a la Casa de Gobierno. Finalmente Perón habló desde el balcón a la multitud trabajadora.

Raúl Scalabrini Ortiz, pensador y filósofo argentino del siglo XX, describió ese día así: “era el subsuelo de la patria sublevada. Era el cimiento básico de la nación que asomaba como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación.”

Leal según una de las acepciones del diccionario de la Real Academia Española es un adjetivo que significa: “fidedigno, verídico y fiel, en el trato o en el desempeño de un oficio o cargo”.

Más allá de los análisis y coincidencias políticas o ideológicas que cada persona puede sostener, es innegable que la verdad que anidaba en esos hombres y mujeres movilizados y empoderados, marcaron un punto de partida en la lucha obrera en nuestro País y fueron los protagonistas excluyentes de aquella jornada.

Y la lealtad demostrada a Perón era de naturaleza indivisible a la que los trabajadores estaban ejerciendo entre ellos mismos. Es decir la lealtad y solidaridad que cada trabajador estaba profesando con cada trabajador. El 17 de octubre fue posible porque Perón mostró el camino, pero los trabajadores y trabajadoras con su lucha y entrega, tornaron en verdaderas las ideas y acciones de Perón.

Alerta amarilla en La Rioja y otras provincias por fuertes vientos

El gobierno provincial continúa impulsando acciones para fortalecer el sistema sanitario en cada rincón de La Rioja