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«El marginal»: un cierre potente y reflexivo a la altura

La violencia cruda e innecesaria de la temporada 4 de «El marginal» se convirtió en el esperado final de la serie en un condimento de una historia que ofreció más profundidad al relato carcelario argentino que conquistó al país.

Un Pastor (Juan Minujín) maduro, con las heridas cicatrizadas por los muros de la cárcel, publicó un libro en el que cuenta sus experiencias, pero también critica a un sistema que abandona e incluso obstaculiza la reinserción de los presos, mensaje que enriquece a la trama y que se verá a lo largo de la temporada.

«Diosito» Borges (Nicolás Furtado), por su parte, sigue prófugo y su historia extramuros permite salir un poco de la claustrofobia de Puente Viejo.

Afortunadamente (ya era demasiado), esta vez no aparece otro diabólico o grotesco némesis que hará la vida imposible en la cárcel: el nuevo enemigo es un viejo conocido que superará cualquier límite para llegar al poder. En este contexto, los jóvenes de la Sub-21 liderados por César (Abel Ayala) buscarán encontrar su oportunidad.

La actuación es otra vez uno de los grandes fuertes de la temporada: Furtado, Gerardo Romano (hace del director Sergio Antín), Claudio Rissi (Mario Borges), Ana Garibaldi (Gladys) son algunos de los que potencian la profundidad que sus personajes necesitaban para el cierre de la historia.

La violencia sin límites de la parte anterior ahora se presenta medida, sin quitar esa oscuridad marginal que requiere un relato de estas características. En el final y como en las primeras temporadas, la adrenalina irrumpe.


Con algunas vueltas telenovelescas o resoluciones algo predecibles (sólo en los primeros capítulos), una tensión intramuros en aumento se combina con historias por fuera de la cárcel que realmente aportan a la trama, como la vuelta a la escena de Luna Lunati (Maite Latana), la joven que secuestraron en la primera temporada y que ahora es una abogada recién iniciada que ayuda al protagonista.

Gerardo Romano termina de construir a Sergio Antín como uno de los mejores personajes de la ficción argentina de los últimos tiempos, con un perfil tan odioso como divertido.

La simpleza y la inocencia de Mario Borges en su decadencia lo muestran como un delincuente más humano, en su vínculo inquebrantable con Gladys. «Bardo», interpretado por Ariel Staltari, cierra en tanto un arco veloz pero sumamente contundente para su personaje.

«El marginal» termina muy rápido, pero con todos los hilos atados en un final con tintes místicos que va de lo dramático a lo esperanzador.

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