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Intimidad: cómo sobrevivir a la difusión de un video sexual

La serie sigue entre las 10 más vistas de Netflix. El planteo más interesante es que la intromisión en la vida privada puede destruir con la misma eficacia a una política y a una obrera.

La serie española “Intimidad” tiene un comienzo a toda orquesta que justifica plenamente la popularidad excepcional que ha logrado en Netflix, posicionándose entre los contenidos de ficción más vistos de la segunda quincena de junio. Surgida de la pluma de Verónica Fernández y Laura Sarmiento tiene, entre otras virtudes, la de ir al meollo de la cuestión sin demora.

La historia abre con Malen (Itziar Ituño) vicealcaldesa de Bilbao y candidata a gobernar la ciudad cuando, tras disfrutar de una relajante incursión por un natatorio, atraviesa una galería superpoblada y observa en las pantallas que retransmiten noticias, su propia imagen en una playa y teniendo sexo con un hombre cuyo rostro permanece en las sombras.

Es esa, tal vez, la violación más dolorosa del derecho a la intimidad, que además en el caso de una figura política de semejante popularidad, tiene consecuencias especialmente lesivas no sólo para la vida personal, sino y sobre todo, para las chances electorales de alquien que, hasta ese momento, no tenía rivales a la vista y que, en un segundo, advierte que sus chances de triunfo se derrumban como un castillo de naipes.

Paralela y contemporáneamente, una obrera, Ane (Verónica Echegui) encamina sus pasos hacia el mar, dispuesta a poner punto final a su vida después de intentar, sin éxito, que alguien frene los comentarios malévolos, las risotadas y los gestos obscenos de sus compañeros que desde hace un par de semanas tienen en sus celulares el video de ella con tres hombres.

Los escritores españoles suelen exhibir, como marca de fábrica, cierta dificultad para manejar historias que empiezan demasiado arriba y generan expectativas difíciles de satisfacer. «Intimidad” consiguió cierta regularidad y un buen ritmo pero a costa de agrandar hasta la exasperación algunos detalles y empequeñecer otros que merecían un tratamiento distinto.

Para decirlo con claridad, la hija adolescente de la vicealcaldesa, Leire (Yune Nogueiras) queda al borde de la internación tras enterarse del escarnio público que sufre su madre y se vuelve violenta cuando su noviecito intenta chantajearla y la hace padecer, en plena adolescencia, el mismo infierno que vive la autora de sus días.

El marido de Leire (Marc Martínez), en cambio, recibe la noticia del episodio que involucra a su mujer con la contrariedad que puede generar que le sirvan, tibio, un café que pidió caliente. No importa que esté distanciado de su esposa e inclusive que la convivencia sea pura apariencia para facilitar la carrera de ella. La comprensión tan civilizada del personaje es tan exagerada como el interminable padecimiento de la hija.

Pero la serie se las apaña para sumar muchos puntos de interés. Para la gente y parte de su entorno político, casi despojada de su condición de víctima, Malen se convierte, de algún modo, en la culpable de haber sido grabada mientras mantenía sexo con un hombre que no era su marido y es juzgada por ello.

El suceso daña por completo su imagen pública, pero la política se armará de valor y fortaleza y se mostrará decidida a seguir adelante, en contra de lo que planea su propio partido, con una dirigencia absolutamente convencida de que el escándalo que generó la difusión de las imágenes sexuales invalidan cualquier esfuerzo para conquistar el voto de los vecinos de Bilbao.

El guión avanza por dos caminos que en algún momento se cruzarán: el dolor de la hermana de la obrera que no soportó las críticas y se suicidó y el empeño de la candidata por demostrarle a la sociedad que ella tiene mucho para dar y que no puede sucumbir ante los que invadieron su intimidad.

El mayor logro de “Intimidad” es mostrar, con claridad, que nadie está a salvo de una intromisión en su vida personal; ni una ignota trabajadora ni la persona más conocida de la ciudad. La narración funciona bastante bien como thriller político, aunque no está demasiado logrado el trabajo que se hizo sobre algunos de los personajes. Para cualquiera que se sienta atraído por los 8 episodios de 45 minutos está también el paisaje incomparable de un sector privilegiado del País Vasco.

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