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Denuncias, reuniones secretas y divisiones: los militares suman protagonismo en la transición de Brasil

En las últimas horas Jair Bolsonaro y el equipo de Lula aceleraron los contactos castrenses. Hay distintas posturas internas sobre el proceso electoral. Siguen las manifestaciones golpistas.

Brasil todavía intenta reacomodarse de las elecciones presidenciales más polarizadas de la historia. Por ahora, nada volvió a ser igual. Las marchas –cada vez más pequeñas- se extienden en distintos puntos del país, Jair Bolsonaro sigue buscando alternativas para denunciar fraude y Luiz Inácio Lula da Silva intenta armonizar la transición hacia su nuevo gobierno.

En los últimos días hubo distintos movimientos que concentraron toda la atención del arco político brasileño. El primero, cuando el Tribunal Superior Electoral (TSE) multó por casi 4.300 millones de dólares al Partido Liberal (PL) de Bolsonaro por, según entendió el presidente del tribunal Alexandre de Moraes, actuar de “mala fe” al presentar una denuncia contra el sistema de votación brasileño.

El segundo, y no por eso menos importante, un raid de reuniones clave entre el bolsonarismo y los petistas con las principales autoridades militares del país. Este jueves los colaboradores de Lula iniciaron diálogos con excomandantes y exgenerales de mucha influencia que incluso formaron parte del gobierno de Bolsonaro. Se habló del rol castrense en la transición.

Casi como respuesta automática, el propio Bolsonaro recibió en la residencia oficial de la Alvorada, en Brasilia, al general Walter Braga Neto –su compañero de fórmula- y a militares del Ejército y la Fuerza Aérea. Fue un encuentro que no estaba pautado en agenda. Según pudo saber TN, allí analizaron el fallo del TSE que rechazó la impugnación de las elecciones.

La lupa puesta sobre los militares
Desde el momento en que Jair Bolsonaro empezó a agitar el fantasma del fraude, incluso antes de las elecciones, el análisis empezó a recaer sobre el rol que tendrían los militares. Más aún, con las constantes marchas que todavía hoy se dan en distintas partes del país de simpatizantes bolsonaristas pidiendo la intervención militar. Un reclamo golpista.

Más allá de alguna sospecha, hasta el momento actuaron conforme al marco institucional. “La burocracia existe en Brasil”, repiten con optimismo los diplomáticos que trabajan en Brasilia. Pero hay una fisura que empieza a hacerse cada vez más evidente y preocupa a Lula. Felippe Ramos, un estudioso analista de los movimientos políticos en Brasil, los divide en tres ramas en diálogo con TN:

En primer lugar, se encuentran los más de dos mil militares que se involucraron en la política y que son –o lo fueron- funcionarios del gobierno de Bolsonaro. Son quienes más se acercaron al intento del actual presidente por desconocer los resultados de las elecciones.
Los más moderados e institucionalistas que ocupan cargos de poder e influencia, pero restringen sus movimientos dentro del marco institucional. Entre ellos se puede ubicar a Tarcísio Gomes de Freitas, el gobernador de Bolsonaro electo en San Pablo. Un militar que de primer momento rechazó las marchas que pedían una intervención federal.

Por último, están los comandantes y generales activos que son conscientes de que sus bases se acercaron al bolsonarismo pero están incómodos por la relación de las FFAA con el gobierno. Son los militares que saben que las fuerzas son del Estado y no del gobierno.
Tensiones ante los pedidos de intervención
“Esa división es la que frena el intento golpista”, aseveró el politólogo Felippe Ramos. Sucede que, al no haber una posición castrense unificada, difícilmente algunas de las máximas autoridades se animen a avanzar en una decisión drástica sin estar seguro del acompañamiento interno. Esto corre para la política como para los militares.

Hubo cartas de denuncias que fueron y vinieron. Pero ninguna que haya prosperado. Entre ellas se destacan las del ministro de Defensa, Paulo Sérgio Nogueira de Oliveira, quien responde directamente a los militares y no descartó el fraude. En las últimas el propio general Hamilton Mourão, compañero de fórmula de Bolsonaro y senador electo, publicó en sus redes comentarios sembrando de dudas el proceso electoral.

Estos intentos de instalar sospechas de fraude no hacen más que dividir a la sociedad y debilitar al próximo gobierno. “Es muy preocupante que las fuerzas armadas tengan un movimiento político tan claro”, comentó el analista Ramos, para luego agregar: “bajó la capacidad de Lula de ser un comandante en jefe legítimo en todo el arco de las fuerzas, lo que le suma peligro y tensión”.

En este contexto, y como aportó la consultora política María Eugenia Garcia, “Lula intentará conciliar y superar las diferencias con los sectores de las fuerzas armadas”. El líder del PT seguirá enviando señales de conciliación en este proceso de transición encabezado por Geraldo Alckmin.

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