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La guerra de precios del petróleo podría cambiar la relación de Rusia con Venezuela e Irán

Tras la invasión a Ucrania, los ingresos petroleros de Rusia aumentaron. Pero esto podría tener un costo geopolítico si Irán y Venezuela padecen demasiados efectos económicos negativos.

Un petrolero anclado en los muelles de Venezuela en 2021. ( Foto: Adriana Loureiro Fernandez/The New York Times)(Adriana Loureiro Fernandez/The New York Times)

A medida que Rusia se esfuerza por encontrar nuevos compradores para su petróleo con el fin de eludir las sanciones occidentales cada vez más severas, reduce la cuota de mercado de dos de sus aliados —Irán y Venezuela— y desencadena una guerra de precios que podría perjudicarlos a todos.

La competencia por las ventas a Asia ya ha obligado a Venezuela e Irán a hacer descuentos importantes en su crudo para tratar de conservar las pocas salidas disponibles para sus propias exportaciones sancionadas, según analistas y comerciantes de petróleo.

Y aunque tanto Irán como Venezuela profesan públicamente su cercanía a Rusia, los expertos prevén que si la batalla del petróleo se intensifica, aumentarán las tensiones con el Kremlin, incluso cuando su líder, Vladimir Putin, trabaja para apuntalar sus alianzas. El martes, su gobierno anunció que realizaría un inusual viaje fuera del país la próxima semana a la capital de Irán, Teherán.

La competencia petrolera desencadenada por la invasión rusa de Ucrania parece estar acercando un poco más a Venezuela con el mundo occidental, después de años de una relación profundamente estancada por los abusos electorales y de derechos humanos del líder autoritario del país. El último productor de petróleo estadounidense que queda en Venezuela, Chevron, ha estado en conversaciones con el gobierno del país, según un ejecutivo petrolero venezolano y un funcionario local.

Cualquier posible acuerdo para introducir más crudo venezolano en los mercados mundiales ayudaría a Estados Unidos, que está cada vez más desesperado por reducir los precios del petróleo para limitar el daño a las economías occidentales por la guerra y por las sanciones impuestas al petróleo ruso. Las consecuencias económicas están reduciendo el apoyo a Ucrania en su lucha contra su vecino más grande.

“La guerra demuestra que los países tienen intereses, no enemigos ni amigos”, dijo Francisco Monaldi, experto en política petrolera de la Universidad de Rice.

El repunte de los precios de la energía ha dado a los combustibles fósiles una importancia de la que gozaron por última vez en la década de 1970, amplificando el efecto de las políticas del Kremlin mucho más allá de los campos de batalla, en un momento en que muchos líderes mundiales esperaban comenzar a eliminar el petróleo para lidiar con el cambio climático.

Daniel Yergin, destacado experto en energía y autor de The New Map: Energy, Climate, and the Clash of Nations, dijo que la crisis energética está deshaciendo los últimos vestigios de la economía mundial posterior a la Guerra Fría, y anuncia una nueva era de competencia entre grandes potencias en un mundo cada vez más fragmentado.

“El petróleo y el gas natural”, dijo, “se han convertido en el centro del resultado de esta nueva lucha”.

Rusia ganó la primer batalla por el petróleo:

El resurgimiento del petróleo y el gas —y el hecho de que gran parte del suministro mundial provenga de Rusia— ha sido el arma más poderosa de Putin contra Occidente, dándole una influencia geopolítica que va mucho más allá de la posición de su país como undécima economía del mundo.

No lo parecía al principio de la guerra, cuando Estados Unidos empezó a presionar a sus aliados para que castigaran a Rusia, lo que llevó a la promesa de un embargo de petróleo por parte de Europa. La esperanza era que cortar a Moscú de ese mercado ayudaría a privarle de los ingresos necesarios para librar su guerra.

En cambio, el precio del petróleo se disparó y alcanzó niveles que no se veían desde 2008. Los ingresos petroleros de Rusia aumentaron y han seguido alimentando su maquinaria bélica.

Cuando Rusia empezó a perder sus mercados occidentales, China e India aceptaron comprar más de su petróleo, con un descuento, a pesar de las peticiones iniciales de Estados Unidos.

Los conductores llenan sus tanques de gasolina en una gasolinera Sunoco en Sloatsburg, Nueva York (Foto: An Rong Xu/The New York Times)

Actualmente, el gobierno de Joe Biden está intentando de nuevo maniobrar para superar a Rusia. A pesar de la frialdad de las relaciones, el presidente Biden viajará esta semana a Arabia Saudita, el estado del Golfo Pérsico que Occidente quiere que saque más petróleo para que bajen los precios. Y los funcionarios estadounidenses han propuesto un plan destinado a limitar el precio del petróleo ruso.

Por ahora, Rusia ha ganado al menos una batalla a corto plazo con Occidente sobre los ingresos del petróleo. Pero podría tener un precio geopolítico si Irán y Venezuela padecen demasiados efectos económicos negativos. Ambos países han sido durante mucho tiempo aliados de Rusia, uno de los pocos países que les ofreció ayuda económica cuando gran parte del mundo les dio la espalda.

Venezuela e Irán tratan las estadísticas relacionadas con el petróleo como un secreto de Estado, por lo que es difícil saber si los ingresos están cayendo, o si la pérdida de cuota de mercado se está compensando con precios de referencia más altos para el crudo que se vende. Pero el volumen de las exportaciones de Irán está disminuyendo, según un comerciante y un analista, lo que impide que el país se beneficie de la subida de los precios de la energía.

Los descuentos ofrecidos por la compañía petrolera estatal de Venezuela, conocida como PDVSA, a las refinerías chinas alcanzaron máximos históricos desde la invasión de Ucrania, según expertos en energía y ejecutivos petroleros venezolanos. Un barril del tipo de crudo insignia del país, conocido como Merey, se vende actualmente en Asia por hasta 45 dólares menos que el Brent, un crudo que se utiliza para fijar los precios mundiales del petróleo y que actualmente cotiza a unos 100 dólares el barril.

Antes de la guerra, el descuento era aproximadamente la mitad de lo que es ahora, según el ejecutivo petrolero venezolano que pidió el anonimato para hablar de un tema sensible.

Peor aún, desde el comienzo de la guerra las empresas navieras rusas han dejado de pagar a PDVSA por el crudo que venden en su nombre en Asia, lo que privó al país de una fuente crucial de ingresos, según el ejecutivo, que está familiarizado con el acuerdo. El año pasado, ese esquema hizo ganar al gobierno venezolano 1500 millones de dólares, lo que representa una cuarta parte de todos los ingresos petroleros del Estado.

“La Rusia sancionada está luchando por ser un aliado confiable para Venezuela”, dijo Risa Grais-Targow, analista de América Latina en la consultora de riesgo Eurasia Group. “La relación económica que ha existido durante algún tiempo se está deshilachando”.

Irán, en desventaja:

Irán enfrenta problemas similares, dijo Sara Vakhshouri, experta en petróleo de la consultora SBV Energy International, centrada en Medio Oriente.

Vakhshouri dijo que el gobierno chino ha dado prioridad a las importaciones rusas en parte porque tiene vínculos estratégicos más estrechos con su vecino del norte.

En los dos primeros meses del año lunar iraní, que comenzó a finales de marzo, el país solo obtuvo el 37 por ciento de los ingresos previstos para el periodo, según cifras del Centro Supremo de Auditoría de Irán.

Oleoductos en Juzestán, Irán, el 12 de septiembre de 2021 (Foto: Solmaz Daryani/The New York Times)

Un comerciante de petróleo iraní, que habló bajo condición de anonimato debido a lo delicado del tema, dijo que la competencia rusa ha reducido las exportaciones de petróleo de Irán a China en más de un tercio de sus niveles anteriores a la guerra.

Dijo que las exportaciones de Irán a Asia han caído a unos 700.000 barriles diarios, la mitad de los volúmenes de exportación en los que el país basó su presupuesto anual.

“Irán se encuentra en una gran desventaja económica y política en el entorno de la posguerra de Ucrania”, dijo Alireza Haghighi, analista político con sede en Canadá.

Otros aliados del Kremlin han sentido los efectos del uso ruso de la energía como medida de presión. La semana pasada, un tribunal de Moscú ordenó inesperadamente el cierre durante un mes de un oleoducto crucial que transporta petróleo desde Kazajistán a través de Rusia; alegó violaciones medioambientales. La orden judicial, revocada desde entonces, parecía ser una advertencia al presidente de Kazajistán, Kassym-Jomart Tokayev, que se ha distanciado de la narrativa bélica del Kremlin, al decir que no reconocería los territorios separatistas apoyados por Rusia en Ucrania.

La acción original del tribunal envió una fuerte señal al mercado energético y al gobierno de Kazajistán sobre el poder que ejerce Putin sobre el suministro mundial de petróleo, y la fortuna económica de su vacilante aliado, dijo George Voloshin, un experto con sede en París en la consultoría de riesgos Aperio Intelligence.

Rusia, Venezuela, Irán: una alianza en problemas

A pesar de la creciente competencia económica, tanto Irán como Venezuela han mantenido una muestra de solidaridad pública con Putin. En frecuentes reuniones personales desde el inicio de la guerra, altos funcionarios del Kremlin y sus homólogos iraníes y venezolanos han prometido cerrar filas para superar las sanciones estadounidenses.

Pero, paradójicamente, la subida de los precios de la energía puede estar acercando los intereses de Venezuela e Irán a los de Occidente.

Ambos países desean desesperadamente vender más petróleo, y Estados Unidos y Europa necesitan encontrar nuevas fuentes de energía para reducir los precios internos de los combustibles.

En un hecho sorprendente, altos funcionarios estadounidenses viajaron a Caracas, la capital de Venezuela, dos veces desde el inicio de la guerra, y abrieron negociaciones directas con el gobierno del presidente Nicolás Maduro, el líder autoritario que Estados Unidos considera ilegítimo.

La Casa Blanca dijo que los viajes se centraron en asegurar la liberación de los prisioneros estadounidenses en Caracas. Pero personas familiarizadas con el contenido de las reuniones dijeron que durante ambos viajes se discutió la posibilidad de reanudar las exportaciones de petróleo venezolano a Estados Unidos.

Y bajo presión europea, el gobierno de Biden permitió el mes pasado, de forma discreta, que la compañía petrolera italiana Eni y su par española Repsol exportaran petróleo venezolano a Europa, lo que abrió otra grieta en la política oficial de aislamiento de la economía de Maduro.

Al mismo tiempo, el gigante energético estadounidense Chevron negocia un acuerdo para permitirle exportar la producción de sus campos petroleros venezolanos a Estados Unidos por primera vez desde 2019, según el funcionario venezolano y otra persona familiarizada con las conversaciones.

La compañía declinó hacer comentarios sobre el acuerdo reportado, y agregó que cumple con las normas de las sanciones actuales.

Algunos funcionarios iraníes también intentan utilizar el enfrentamiento entre Occidente y Rusia en beneficio de su país.

Las facciones políticas que apoyan un acuerdo nuclear con Occidente argumentan que la expulsión de Rusia del mercado energético europeo supone para Irán una oportunidad de recuperar clientes petroleros occidentales, si los dirigentes del país llegan a un acuerdo. En efecto, tanto Irán como Venezuela pretenden compensar lo que Rusia les está haciendo en Asia al ocupar la cuota de mercado occidental perdida por Rusia.

“Irán conoce el sufrimiento energético que están soportando los países de la Unión Europea, y que esto podría empeorar”, dijo Vakhshouri, la experta en energía. “En última instancia, esto favorece a Irán”.

(*) Anatoly Kurmanaev es un corresponsal radicado en Ciudad de México, desde donde cubre México, Centroamérica y el Caribe. Antes de integrarse a la corresponsalía de México en 2021, pasó ocho años reportando desde Caracas sobre Venezuela y la región vecina.

Farnaz Fassihi es reportera de The New York Times en Nueva York. Antes fue redactora sénior y corresponsal de guerra para el Wall Street Journal durante 17 años, con sede en el Medio Oriente.

Mariana Martínez, Jack Nicas y Ruth Maclean colaboraron con reportería e investigación.

FUENTE: TN

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