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Alberto Fernández faltará al funeral de Isabel II donde estará el epicentro del mundo político

El Presidente y el canciller Santiago Cafiero asistirán a la Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York, pero no se conocen los compromisos que les impiden asistir al menos unas horas al último adiós a la monarca. La Argentina pierde la oportunidad de reafirmar su compromiso de encauzar una negociación por Malvinas a través de un gesto de buena voluntad.

Uno de los grandes desafíos históricos que tiene la Argentina es recuperar las Islas Malvinas. Ello requiere de una estrategia sofisticada y consensuada entre los principales actores políticos del país, de la que lamentablemente carecemos.

Sin embargo, una cosa es segura: necesitamos crear un vínculo inteligente con el Reino Unido, que enfatice las enormes oportunidades de cooperación y relacionamientos, y que al mismo tiempo logre encauzar una negociación que conduzca a una solución práctica y sensata que satisfaga los intereses de todas las partes involucradas.

¿Es sencillo lograrlo? Evidentemente no. ¿Pueden imaginarse caminos contingentes? Aprendiendo de la experiencia comparada, sin duda que sí. Lo importante es reforzar los lazos de confianza mutua y no pretender acelerar los tiempos de una transacción que necesariamente será engorrosa.

La participación de una delegación de primer nivel en los funerales de Estado que se realizarán en Londres hubiera sido una excelente oportunidad para enviar un mensaje claro y contundente: a 40 años del intento de recuperación de las islas, Argentina no renuncia a su justo reclamo de soberanía, pero se dispone a acompañar al pueblo británico en una circunstancia tan especial. Lo cortés no quita lo valiente: con respeto y sin sobreactuaciones, teníamos una gran oportunidad de reafirmar nuestro compromiso con una solución pacífica y negociada de este diferendo reforzando los lazos de solidaridad y con un gesto de buena voluntad.

Una vez más, la Argentina demuestra que no pierde oportunidad de perder una oportunidad. En efecto, el país estará representado por el embajador argentino en el Reino Unido, Javier Figueroa. Se trata de un funcionario de carrera respetado que, según varias fuentes, viene desempeñando un buen trabajo. Ni el presidente Alberto Fernández ni el Canciller Santiago Cafiero decidieron concurrir al funeral, donde estarán presentes dos mil altos mandatarios e invitados especiales de todo el mundo civilizado. En efecto, buena parte del establishment global se hará presente en Londres, donde además habrá más de un millón de visitantes de todo el mundo.

Joe Biden, la enorme mayoría de los líderes europeos e incluso algunos presidentes de la región, como Jair Bolsonaro (que está en plena campaña presidencial) serán de la partida. Como el presidente Gustavo Petro no podía concurrir, envió en su representación a su esposa, Verónica Alcocer. Esto generó fuertes polémicas y acusaciones de nepotismo, pues fue señalado que lo natural hubiera sido que viajase la vicepresidente, la popular Francia Márquez. En los casos de México, Chile, Perú, Uruguay, los respectivos cancilleres encabezarán las delegaciones. Argentina, que es el país de la región que tiene un asunto pendiente de tamaña relevancia, solo envía a su embajador.

El gobierno argentino informó que tanto Alberto Fernández como Santiago Cafiero estaban impedidos de trasladarse a Londres pues ambos debían estar en Nueva York para participar de la Asamblea de las Naciones Unidas. Se trata sin duda de una actividad importante donde, una vez más, nuestro país ratificará su justo reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas. No se conocen los importantes compromisos que ambos tenían ya agendados y que les impedían en todo caso estar presentes en los funerales y trasladarse luego a Nueva York. Teniendo en cuenta que literalmente el epicentro del mundo político y diplomático estará precisamente en la capital británica, es difícil imaginar que Fernández y Cafiero tengan que postergar asuntos de tanta importancia como para no hacer un esfuerzo y viajar unas horas en representación del pueblo argentino.

Las circunstancias y los errores propios lo han llevado a Alberto Fernández a un lugar sin precedentes en la historia política argentina: la irrelevancia. Su agenda cotidiana no solo es banal, sino que se trata de un presidente part time. A menudo comienza a “trabajar” a media tarde. Esta semana hasta ofició de guía de visitas a una delegación de alumnos que visitaba la Casa Rosada. Es una pena que el presidente argentino proyecte de este modo su irrelevancia doméstica a la esfera internacional. El problema no es solo el daño que se hace a sí mismo, sino fundamentalmente el desprestigio y el descrédito que sufre el país, así como el impacto negativo en relación a nuestras chances de encaminar una negociación provechosa por la soberanía de las Malvinas. El presidente no puede darse el lujo de hacer lo que le parece, sino que debería priorizar el interés nacional.

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