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El regreso del “tigre”: el yaguareté en extinción vuelve a reproducirse en el Parque Nacional El Impenetrable

Por primera vez en el mundo, un equipo de biólogos y ambientalistas logró que el mayor y más extraordinario de los felinos americanos se reprodujera con una hembra crecida en cautiverio. Qaramtá (el que no puede ser destruido, en lengua qom) es el rey de una selva protegida, el mayor parque nacional del norte argentino, que acaba de cumplir ocho años. Hasta allí viajamos.

El Impenetrable, como su nombre indica, es un lugar literario. Si no existiera, en el norte argentino, podría haberlo inventado Joseph Conrad, o imaginado el cineasta Werner Herzog para que se perdieran ahí los afiebrados conquistadores en busca de oro. Su intensidad, hecha de calor extremo y espinas, de escasez y vida rebosante, reemplaza a la imaginación. No hace falta inventar, ya está inventado por una realidad que parece de película, como la historia que llevó a la creación del Parque Nacional en lo que fuera tierra de un italiano, Manuel Roseo, asesinado en 2011 por unos sicarios para quedarse con esa tierra infinita.

Por una de esas raras coincidencias felices, las casi 130 mil hectáreas, que comprenden humedales y sequedades, río y bosque nativo, se salvaron de la codicia del desmonte y la caza indiscriminada para convertirse en un Parque Nacional, una zona protegida que ahora abraza la novedad del ecoturismo. Una virtuosa alianza entre el Estado, una fundación ambientalista como Rewilding, que lleva a cabo un trabajo increíble en distintas áreas del mapa argentino, y la comunidad, que aprende a vivir de otra manera y a recibir a visitante.

Pero su logro más asombroso tiene nombre propio, Qaramtá. Lo eligieron los niños de la zona, cuando les pidieron votar un nombre para el último yaguareté salvaje que vive ahí. En lengua qom, quiere decir “el que no puede destruirse”.

“A fin de 2019, en las costas del Bermejo, aparecieron unas huellas de yaguareté —cuenta Gerardo Cerón, biólogo de la estación de Rewilding que se encuentra en el Parque—. Desde la creación del parque que no había registros de la presencia de un yaguereté, y entonces apareció uno en un área protegida. El primer paso fue capturarlo, para eso trajimos una hembra, esa hembra lo atrajo, lo pudimos atrapar, lo dormimos y pudimos colocarle un collar satelital. Gracias a esta tecnología, podemos verlo, seguir sus movimientos. Así vimos que establecían un vínculo tan estrecho y romántico con la hembra cautiva, se llevaban tan bien, que pensamos: ¿y si hacemos un recinto grande, que tenga bosque, todo adentro, en el que él no se sienta encerrado? Así lo hicimos. Estuvieron cuatro días juntos, los separamos, él siguió siendo libre y tuvimos tanta suerte que, al primer intento, ella quedó preñada”.

Con más de una hectárea y media de extensión, es difícil llamar jaulas a los espacios que ocupan Isis y Tania, las dos hembras en cautiverio, así como el que pertenece a los hijos de la segunda, los cachorros de Qaramtá. Una especie de Jurassic Park de yaguaretés, el tigre, como le dicen los lugareños. Solo que no surge de la mente de Michael Chrichton, ni de Spielberg, pues está destinado a una protección de la que todavía estamos a tiempo.

“La idea es recuperar al carnívoro más grande del Chaco —dice Gerardo—. El predador tope que regula, con su accionar, a todo el ecosistema. Sin él, el Chaco no es el Chaco. El bosque pierde su funcionalidad, su capacidad de perpetuarse en el tiempo”.

Con el equipo de Telenoche, acompañamos a Gerardo y su equipo a darle de comer a Tania y a Isis. Gerardo hace sonar un silbato. Un tono distinto para cada una. Hoy les toca pollo, piezas que el biólgo va repartiendo por distintos lugares de su predio. Cuando aparecen, respondiendo al llamado, se hace un silencio. Es que no hay palabras, estamos ante uno de los animales más hermosos que camina esta tierra. Y es un felino, que se desliza y se mueve (se frota contra la reja, amistoso con el que viene a darle de comer) como lo hacen mis gatos domésticos.

“Nunca dejamos la comida en un mismo lugar, para estimularlas a que la busquen. Al no ser liberadas, no tenemos problema en que consuman pollo, pescado, vaca, les vamos rotando la dieta. En cambio, a los animales que van a ser liberados, los cachorros, les damos piezas vivas para que ellos desarrollen sus habilidades de caza. Siempre los engañamos de tal forma de que nunca sepan que somos nosotros los que les damos las piezas, para que no asocien al humano, a las personas, con bienestar”.

“Este parque nacional fue creado por ley en 2014 y está empezando a desarrollar el turismo —dice Matías Almeida, guardaparque en uniforme—. Este año hemos tenido un boom inigualable, llegamos a los 100 turistas en un día, en la temporada alta, que aquí es el invierno. El parque se caracteriza por la gran presencia de mamíferos de gran tamaño. Se ven muchos tapires, hay tres especies de chachos nativos, y especies en peligro de extinción como el tatú carreta, el más grande de los armadillos, que es hermoso. Tenemos más de 150 especies de aves, algunas importantes y en peligro también como al águila coronada, una de las águilas más grandes del país”.

El trabajo de los biólogos de Rewilding, y de los guardaparques, es también de concientización, casi didáctico. “En la región del Chaco hay mucho mito en cuanto a que el yaguareté es un animal malo y peligroso. Invitamos a los pobladores que viven alrededor del parque a visitar la estación de campo, y les contamos que la naturaleza es importante para el ambiente pero también una oportunidad de desarrollo económico a través del ecoturismo. Que pueden volcar sus conocimientos en caza, o extracción de leña, para guiar a un turismo. Eso está empezando a cambiar la economía del lugar y la gente está cada vez más entusiasmada con el parque”, dice Gerardo. “También les mostramos que el yaguareté puede ser muy tierno con la hembra, y ella muy dulce con las crías. Les mostramos imágenes de otros parques protegidos en el mundo en los que los yaguaretés están cerca de los turistas y no los atacan. Se quedan sorprendidos”.

Cómo alojarse en El Impenetrable y vivir la magia de la naturaleza
Despertarse en el Impenetrable es abrir los ojos en un griterío. Un concierto de charatas y monos, de cientos de pájaros de cantos y colores asombrosos. Una banda sonora que se acalla hacia el mediodía y a la hora de la siesta, cuando el sol pega. Y que conserva un silencio lleno de ojos en el anochecer. Como escribió Clara Obligado en su bello “Todo lo que crece”, “dormimos y nos mantenemos despiertos de manera sincrónica. Todos los seres vivos sabemos cuándo anochece”. Esa sensación de ser parte de ese todo es lo que los turistas llaman magia. El Impenetrable, con su aspereza y sus dificultades para llegar (turismo aventura), tiene mucha de esa magia para ofrecer.

En su invierno benévolo, quienes viajen pueden hospedarse en el cómodo glamping del Paraje La Armonía, a metros de la entrada al Parque Nacional. O en el camping La Fidelidad, a orillas del río Bermejo (la cuenta @destinoimpenetrable ofrece buena información). El Bermejo separa a Chaco de Formosa, la provincia de Gildo Insfrán que se negó a compartir la zona protegida. En una orilla, ecoturistas, biólogos, ambientalistas y amigos de la naturaleza. En la de enfrente, un hombre con una escopeta, dispuesto a matar lo primero que aparezca, porque sí.

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