in

Día del Folklore: ¿por qué se celebra hoy, 22 de agosto?

22 de Agosto de 1846 – El arqueólogo británico William John Thoms deseaba crear una palabra para denominar lo que entonces se llamaba “antigüedades populares”. Tal es así que en esta fecha, logro acuñar el término inglés “folklore”.

Etimológicamente el término “folk” significa “pueblo” y el término “lore” significa “acerbo-saber-conocimiento”, por lo que podríamos traducirlo como “el saber del pueblo” o “lo que el pueblo sabe o conoce”. Es la expresión de la cultura de un pueblo y todo lo que eso incluye, ya sea: artesanías, bailes, chistes, costumbres, cuentos, historias orales, leyendas, música, proverbios, supersticiones, todo lo que hace a la tradición de una determinada región.

En 1960, la UNESCO designó el 22 de Agosto de cada año como DIA MUNDIAL DEL FOLKLORE como reconocimiento a Thompson.

22 DE AGOSTO: DÍA MUNDIAL DEL FOLKLORE

EN NOMBRE DE LA COPLA

 Por Juan Carlos Fiorillo

Dicen que los duendes son los que escriben las coplas gusto a albahaca, caja chayera y carpa pueblerina. Tienen sabor a puro carnaval. Algunos tienen nombre y apellido, pero como inmensurables poetas de desconocidos destinos escondidos tras soñadas identidades, se quedaron en el tiempo olvidándose de sus propias obras, que es cuando también ocurre que el pueblo deja de recordar al creador y se adueña del patrimonio cultural, lo reemplaza, la cuestión se folkloriza y pasa a ser lo anónimo, lo propio. Porque el pueblo entiende que todo lo bueno le pertenece, lo cuida y lo defiende.

 El pueblo hace suyo los versos de nuestra mixturada identidad, lo idealiza como producto cultural e importa estudiarlo seriamente para reivindicar a sus auténticos gestores. Hay coplas del carnaval que lograron renacer un día vaya uno a saber porqué designios o casualidades desde su destino de camino sin alabanzas ni pretensiones, porque lo importante es el rescate de estas joyas literarias que aparecen guardadas en los corazones animosos de las comparsas o por quienes simplemente la escucharon y la repitieron.

 Hay veces que las coplas son creaciones de diestros copleros del tiempo carnavalero recogidas por la senda del canto y las amanecidas, otras que se quedaron olvidadas en los bares y cantinas o por las calles de tierra de un lejano pueblito visitado en siestas de agua, tina y pullay.

 Decía Yupanqui que las coplas son golondrinas sin pasaporte, que el mejor nivel que podía alcanzar un poeta al escribir coplas, es no firmarlas. Dejarlas por ahí. Decía que el mejor sueño era ser desconocido, pero ser infinitamente, profundamente comprendido, valorado, sólo a través de la obra y la gloria de lo anónimo, como “aquello que decía Machado tan lindamente”:

Hasta que el pueblo las canta

 las coplas coplas no son

 y cuando las canta el pueblo

 ya nadie sabe el autor.

Lo que decía Manuel Castilla también fue una hermosa sentencia: “Pero lo lindo es que las coplas siguen vivas. Que no fueron aplastadas por las hojas de los libros que las recogen para ponerlas en boca de los desmemoriados que necesitan cantarlas. Lo hermoso es que están volando y asentándose como el ala del vino en la ternura”.

 Las coplas son verdaderas palomas mensajeras que en cuatro versos cuentan historias bellísimas. En sus maduras densidades desparraman latidos de hechizo y sabiduría despertando la personalidad colectiva de la inspiración. Esa atadura de una cosa con otra, va enlazando las palabras para definir el texto que lleva a estos sagrados decires, porque las coplas son las piezas literarias más buscadas para fundamentar la canción, enaltecer la música, sirven para acompañar el cantar de la vocación bagualera. De ahí su importancia y trascendencia.

 Las coplas son verdaderos tesoros populares que se recuesten sobre las laderas de la memoria como caudal viviente en las bocas sedientas de muchos hombres y mujeres amantes del canto tradicional. Y son una gran mayoría los jóvenes que con renovados principios se asoman al universo de la copla, haciéndola canción sin perder el original ensamble de lo telúrico. Las coplas son cantos que se gestan en soledad, reflexionando sobre la realidad. Puede ser que alguna se haga canción y que otra, tal vez, reverdezca en la olorosa hoja de la albahaca en febrero.

 Hay coplas de muchos lados y de ninguno, coplas tristes y alegres, coplas lindas y no tanto, pero lo importante es que son del pueblo y nada más. No llevan autor siquiera, tienen apenas el color de la inocencia y la emoción del sonido de la caja arraigada en lo más profundo de nuestras raíces culturales y también tienen la aguda observación del hombre cuando habla de su pueblo, de su región. Tienen chispa e ingenio. Tienen el lenguaje inevitable para enternecer tan sólo con cuatro versos octosílabos, para enamorar con la intención, con la picaresca o el sentido filosófico.

 La lengua popular no define fronteras, porque anda de aquí para allá, no diferencia lo bueno de lo malo, es la imaginación anónima y sagaz, testigo de esa ilusión que parece perdida, pero que puede ser recuperada para encontrar su identidad y que sorprende en su propio territorio por su maravilloso contenido.

 De ahí que la copla deja su impronta de sentirse dueña y libre, lo cual expresa ese único sentimiento que es la síntesis misma de la poesía en la voz de la gente. Nuestra voz.

En el recuerdo a Juan Fiori,  maestro!!!

Feliz Día del Folklore…

Escribe: Walter Montivero

Millones de personas permanecen bajo alerta en Estados Unidos por posibles inundaciones

Argentina alcanza los casi 48 millones de vacunas recibidas desde el inicio de la pandemia