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Encierro voluntario o efecto residual del aislamiento: por qué muchos “eligen” no adaptarse a la presencialidad

Expertos advirtieron que muchas personas no han podido volver al modo de vida de la pre pandemia. Ya sea en el trabajo, para tomar una clase o hasta hacer terapia, siguen en modo remoto. Qué peligros y aspectos positivos conlleva este fenómeno de la nueva normalidad

El paciente le hizo una confesión a su terapeuta. Pantalla de por medio, en medio del encierro y una crisis sanitaria inédita, le dijo:

—Me siento mejor que nunca en este momento. Descubrí que yo estoy en aislamiento social preventivo y obligatorio desde hace 15 años.

El psicólogo se quedó en silencio frente a semejante afirmación de tono jocoso, con cierto aspecto hilarante también, que revelaba una verdad: la pandemia de coronavirus nos estaba cambiando la vida en más de un sentido.

El derrotero del COVID-19, que comenzó en diciembre de 2019 y llega hasta el día de hoy con una versión totalmente distinta del virus, ha generado —en el terreno de la modificación de los hábitos— una huella particular en el modo relacionarlos con el otro.

Hoy, en un escenario —tal vez le cabría el nombre— de “post nueva normalidad”, muchas personas eligen vivir con matices similares a cómo se hacia en el comienzo de esta historia disruptiva. Sin estar confinados, cuando el trabajo lo permite, por dar un ejemplo, muchos continúan su vida laboral a través del home office. Y desde ahí, se van sumando otros hábitos y actividades, que van desde tomarse un café por videollamada hasta ir al psicólogo de forma remota (la cita del comienzo de esta nota es real y pasó en una sesión durante el 2020) Es decir, hay menos o poca presencialidad. Pero vayamos un momento para atrás.

Cuando el COVID-19 apareció y hasta que no hubo vacunas, el confinamiento de las poblaciones fue una de las maneras que se encontró para que el virus no se propague de forma catastrófica. En ese escenario que tomó por sorpresa, la gente tuvo que seguir con sus quehaceres sin salir de sus casas y eso significó para gran parte de la población, una situación por lo menos distinta o poco agradable. Tanto los niños en la escuela, como los estudiantes en la universidad y los padres en los trabajos recurrieron a la virtualidad, una cuestión que ya existía, pero que irrumpió de forma cotidiana y obligada en los usos y costumbres de cada rutina.

En poco tiempo la virtualidad se hizo parte y tomo cuerpo, a tal punto que festejamos cumpleaños y navidades con un programa de videollamada que hoy ya forma parte del glosario pandémico: el Zoom.

Entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de esta no presencialidad, podríamos decir, no obligatoria? ¿Se trata de una fobia o tiene que ver con un nuevo modo de relacionarse? ¿Este modo que nos aleja en cierta forma de la sociabilización y el contacto con el otro, tiene algún tipo de consecuencia dentro del plano de la salud mental? ¿El confinamiento del COVID-19 pudo dejarnos una modalidad de interactuar con el otro que, llevada a cabo con prudencia, hasta puede tener sus beneficios?

Gabriela Goldstein, psicoanalista, presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) lo gráfica a Infobae de la siguiente forma: “Existe un efecto residual de la pandemia y el aislamiento. A mi entender aún resuena en situaciones muy diversas. Un resto fóbico imperceptible, pero que se hace más visible y a veces se disfraza de comodidad”.

La experta habla de “un estado de desgano y cansancio marcado”, que parecen provenir de la vida presencial, pero muchas veces es lo contrario. “El no salir al encuentro, la pérdida del contacto con el otro, en grupos, actividades, puede generar una catectización de los espacios y los vínculos. Es decir pierden interés”, agrega.

Jorge Catelli, psicoanalista, miembro Titular en Función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina, profesor e Investigador de la UBA, explica que hay diversas variables que se ponen en juego con respecto a esta situación y es que son “las situaciones singulares, las sociales, las de la configuración psíquica. Lo que particularmente ha ocurrido como fenómeno de época en relación con la pandemia”, explica a Infobae.

“Hay una sentencia que dice que nadie sale seco del agua —sigue Cateli—. Me gusta comentarla porque me parece que acá hay algo en donde muchas personas están intentando, tanto institucionalmente como a nivel educativo gubernamental, o incluso en los distintos lugares de trabajo, en donde se está pretendiendo que haya una desmentida de todo lo que ocurrió. Eso no es posible”.

Y amplía: “Hay situaciones que nos cambiaron decididamente y que nos están cambiando de modo permanente en relación con lo que ha ocurrido en nuestra historia como especie. Estuvimos prácticamente dos años amenazados por un virus que causó la muerte de millones de personas en el planeta y que la humanidad tuvo la suficiente capacidad para defenderse también como especie, generando con sus conocimientos, una vacuna y logrando protegerse de ese virus”.

Si bien Goldstein afirma que sin duda la pandemia modificó los hábitos en más de un sentido, es necesario para ella hacer una reconfiguración de los mismos. “Por esto es importante volver a ´investir´ a cargar de libido o interés de un nuevo modo tal vez, la vida “afuera » y con el otro”.

Sigue Goldstein: “El peligro puede ser el ´encierro´ y el desinterés o un híper rendimiento imperceptible, por hacer todo sin salir de la casa y sin solución de continuidad. En tiempos actuales, el superyo del rendimiento de capital y los tiempos de crisis pueden engañarnos y perder zonas de placer, y un tiempo necesario de elación. En cuanto a la salud mental, es muy importante el intercambio en persona, el abrazo, el encuentro de los cuerpos presentes, así como el “tempo” de la vida cotidiana, que no es el del a solas y con la virtualidad exclusivamente”.

Por otro lado, plantea al experta, el uso de la virtualidad como herramienta, “ayuda en muchos casos específicos. Pero no como remplazo de la infinidad de efectos y sensaciones y trabajo interno de lo presencial”.

Catelli manifiesta al respecto: “Desde el punto de vista de lo Sscial creo que hay algo que efectivamente se ha modificado, y como modificación permanente en cuanto a que se ha descubierto o mejor dicho, me animaría a decir, se ha redescubierto que teníamos herramientas que nos permitían sostener nuestras actividades sin la presencialidad y que no las usamos. Algunos las tuvimos que aprender forzadamente sin el deseo de hacerlo. Otros ya las conocían en muchos casos por necesidad, en otros casos hubo algo que la pandemia puso de manifiesto, y que nos mostró de qué manera podíamos hacer uso de las tecnologías”.

¿El encierro como alivio?
Todas estas cuestiones que han modificado a la humanidad y que han generado una actualización de ese vínculo a través de las tecnología, los propios lazos a través de diversas vías que hubieran sido impensables poco tiempo antes de la misma pandemia, provocaron, analiza Catelli, que se manifestaran situaciones de la singularidad, de acuerdo a aquellas características psicológicas de cada sujeto. “Muchas personas previamente a la situación pandémica, vivían situaciones en que su subjetividad los mantenía alejado de los otros con un profundas dificultades en lo que los psicoanalistas llamamos el lazo social”, dice.

Y sigue: “Para que aquellas personas quienes el encuentro con los otros era vivido como una amenaza o era sentido como algo dificultoso, trabajoso, difícil de sostener, o incluso como un forzamiento, el aislamiento social preventivo y obligatorio, les generó un alivio inesperado respecto de que lo social estaba siendo vedado, el encuentro con los otros presencial que tanta dificultad le traía, ahora estaba legitimada en su prohibición y lejanía. Y esto a muchas personas con estas características les generó un alivio”.

Catelli brinda ejemplos. “Del mismo modo hubo personas que con padecimientos de tipo obsesivo u obsesivo compulsivo, quienes no podían parar previamente a la pandemia de lavarse las manos, de mantener actitudes muy sintomáticas en relación con la limpieza, también encontraron en los recaudos necesarios para intentar evitar los contagios, una legitimación de esas conductas, de las que por un lado en sus tratamientos psicológicos aquellos que estaban en los tratamientos, intentaban curar y por otro lado se encontraron que ahora eso con lo que luchaban para intentar modificar, para intentar cambiar, se encontraba repentinamente avalado por la comunidad científica”, dice el experto.

En la pandemia el aislamiento, para muchos, “fue un factor de legitimación de una dificultad previa”, dice Cateli. Hay, explica el experto, un factor de época con respecto a lo que representó la pandemia para la humanidad. “Luego existe un factor social en ese sentido que fue cambiando hábitos, cambiando y legitimando situaciones que antes eran más difíciles de pensar, y finalmente un tercer factor que es el singular subjetivo de la configuración psíquica, que es el que en cada uno le dio una modalidad específica de vivir y sentirse modificado o afectado por este cambio”, agrega Catelli.

Para el experto la salud mental no es que se puede ver perjudicada o beneficiada: “Creo que dentro de la paleta psicológica de la configuración de cada sujeto, pueda tener diversos modos de expresión o en donde se hallan, en algunas personas, potenciado temores. Para muchos la situación de la pandemia hoy en día dejó sus huellas. Pero dejó sus huellas en el sentido de no querer abandonar el barbijo, o lavarse las manos con cierta necesidad irrefrenable. Esto tiene que ver con factores previos. Por eso no podemos hablar de un trauma universal, sino del trauma en términos singulares en relación con cada sujeto de acuerdo a quienes, para cada uno fue o no una situación traumática, o que potenció características psicológicas previas”.

El concepto de ¿ganar? tiempo
En estas condiciones, dice Goldstein, “ganar tiempo puede ser algo necesario, pero puede encubrir, miedos, falsa comodidad y una retracción libidinal de distintos niveles. Mas alla de estar sujetos a un rendimiento multitasking de los tiempos actuales”.

Para Catelli, la Idea de ganar tiempo no es un dato menor. “Creo que tenemos que pensar de qué manera cobra un sentido singular para cada uno la presencia física o no. Vale decir, de qué manera esa presencia física cobra una significatividad para volver a encontrarse”, dice Catelli, quien cita un ejemplo: “En mi práctica clínica me encuentro con que los pacientes refieren que se reúnen menos presencialmente, que tienen menos encuentros en cumpleaños, que la gente organiza menos juntadas como antes de la pandemia hacían. Por lo tanto hay un factor volviendo aquel dicho nadie sale seco el agua, que indudablemente nos ha modificado pero también nos ha fortalecido como especie y singularmente. Creo que esto tal vez sea una apuesta en parte a pensar en cómo podemos al contrario de lo que podría pensarse estar mejor y potenciados”.

Esta cuestión de ganar tiempo se vio muy evidenciada incluso en el diván. “Las sesiones virtuales son una opción en muchos casos, estamos estudiando profundamente como respuesta. El psicoanálisis sigue trabajando, pero, hay diferencias interesantes”, refiere Goldstein.

“Los terapeutas acomodaron las agendas de un modo muy particular en relación con tiempos que antes no se disponían, por viajes, por traslados y fueron ocupados por horas de pacientes que empezaron a llamar a conectarse por las distintas plataformas. Pero a su vez muchos pacientes, un enorme porcentaje, no quiere volver a la presencialidad por razones que tienen que ver justamente con el tiempo, con la comodidad de llamar desde su propio trabajo, o desde el tiempo con el que ahora cuentan de forma legítima”, dice Catelli.

Y cierra: “Porque justo tienen un tiempo en el que pueden dar la sesión, pero tal como acordaron con sus analistas, ahora no cuentan con el tiempo suficiente para llegar y hay que hacer una reorganización de agendas. Lo cierto es que se legitimó una práctica que antes estaba tomada como un indicador casi inequívoco de resistencia a estar en el análisis. Por supuesto que esto puede seguir sosteniéndose, pero hay que verlo caso por caso. En un sentido nos hemos flexibilizado mucho los terapeutas, para poder tratar a nuestros pacientes telemáticamente”.

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