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Los 173 datos que recopilan las apps de delivery y no sabías

Los algoritmos son preponderantes en las apps para pedir o entregar alimentos. Qué es la gestión algorítmica del trabajo y qué políticas públicas se pueden trazar

Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el organismo especializado de las Naciones Unidas para las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), informó esta semana que casi tres cuartas partes de la población mundial de 10 años de edad o más posee actualmente un teléfono móvil. Asimismo calculó que casi el 95 por ciento de las personas que viven en países más desarrollados tienen un celular, mientras que «en los países pobres» este índice se reduce al 49 por ciento. 

Esta expansión de la telefonía móvil permite el desarrollo de nuevas tecnologías y de nuevos mercados. Uno de ellos es el de la economía de plataformas, una de las nuevas formas de producción del siglo XXI, que ha ido vertiginosamente en ascenso en prácticamente todo el mundo y también en nuestro país. Desde 2016 particularmente en las grandes ciudades creció de manera exponencial.

Las dos grandes jugadoras del mercado en Argentina son Delivery Hero (propietaria de la marca PedidosYa!) y RappiLa primera de ellas concentra el 76 por ciento, con 35 mil repartidores en 80 localidades del país. En 2020 adquirió las operaciones de la compañía española Glovo. Rappi, en tanto, concentra el 22 por ciento

Según datos recogidos por los investigadores Sebastián Etchemendy, Juan Manuel Ottaviano y Sofía Scasserra para el centro de estudios y diseño de políticas públicas Fundar, este mercado se consolidó en los últimos años y se intensificó con la pandemia.

Durante el aislamiento 6 de cada 10 personas eligieron estos medios para comprar comida. Lo que a priori podría suponer fuertes ganancias para las compañías por el servicio de delivery, no es así. 

El abogado laboralista e investigador asociado al centro de estudios Fundar, Juan Manuel Ottaviano, explicó en diálogo con Ecos365: “El delivery es un servicio indispensable para que todo el negocio funcione pero no necesariamente es el corazón de las ganancias de estas empresas. Casi ninguna produce hoy en día ganancias, más bien compiten entre sí para lograr la inyección de capitales de riesgo para ver cuál de ellas podrá ser monopólica en el futuro y ahí sí tener el rédito económico”.

“Dentro de esas pérdidas el aspecto en el que mayor gasto tienen es en soluciones de marketing, mientras que el verdadero negocio en el aspecto más operativo está en el cobro de comisiones a los comercios, como adelanto de la venta que van a realizar a través de la plataforma”, explicó. 

El desarrollo de la economía de plataformas implica una manera nueva de organizar el trabajo. “Nuestro diagnóstico es que esta forma de organización del trabajo depende del diseño de algoritmos. La extracción de datos, la asignación de tareas, la organización del tiempo y la remuneración de los trabajadores depende de estos algoritmos, pero sin embargo no son conocidos, explicados o comprendidos”, alertó.

“Tanto los Estados como el público, pero en especial los trabajadores desconocen las reglas, las variables en las que se basa esta gran expansión de la que estamos hablando y que en cierta manera explica esta etapa del capitalismo, del trabajo y de las relaciones sociales”, dijo. 

173 datos

Las aplicaciones extraen datos tanto de los trabajadores, como de los usuarios y los comercios adheridos. Además las plataformas construyen su propia información para luego procesarla y servir para organizar el trabajo. “Revisamos los términos y condiciones y pudimos detectar 173 datos únicos como atómicos que las plataformas declaran que utilizan para determinados fines, objetivos que están reconocidos y otros no. Sobre lo que se desconoce absolutamente es sobre cuáles son las reglas, las variables que se construyen con esos datos que la plataforma extrae”, dijo. 

“Uno es la tasa de aceptación, que es una variable que se construye sobre la base de la extracción de datos: como los pedidos aceptados, los rechazados, los propuestos de la plataforma a un trabajador pero que además requiere de muchos otros para ser construidos, como la hora en la que fueron pedidos, entregados y los recorridos”, indicó.

“De esa manera se construye un ranking para seleccionar a qué trabajadores asignar una tarea o no según dónde o quién hace un pedido a determinada hora. Esta es una explicación rápida de la organización algorítmica del trabajo, de la que hay partes que conocemos porque están declaradas por las empresas, pero hay muchas otras partes que son absolutamente desconocidas y es una información monopolizada por las firmas y que no tienen los trabajadores. En cada término y condición que aprueban los usuarios también está la punta del ovillo de la organización del trabajo de los repartidores. Pero solo la punta porque el ovillo no es conocido ni por el usuario ni por los trabajadores”, planteó. 

El proceso algorítmico de la designación de los pedidos

El mecanismo para asignar los pedidos, los incentivos para los repartidores o qué sanciones les cabe es algo que no se conoce. Lo desconocen los trabajadores, los usuarios, los comercios, pero no las empresas de plataformas. “Es muy común suponer que el repartidor que viene a traer la pizza a casa es el que más cerca estaba de la pizzería, cuando en verdad se cuentan cuántos pedidos aceptó o rechazó en la última semana o en un período de tiempo, entre otras cosas”, explicó Ottaviano.

“Considerando eso la plataforma junta a todos los repartidores que están en esa determinada área alrededor de la pizzería, los rankea y selecciona junto con la variable de la cercanía a los repartidores que más pedidos aceptaron en el último periodo”, indicó.

“Entonces se están utilizando variables asociadas a la relación laboral que son totalmente desconocidas para los trabajadores y los usuarios. Iluminar la caja negra de los algoritmos en definitiva significa conocer cuáles son los datos extraídos por la plataforma para poder conformar las variables y para qué se utilizan. Este proceso impacta en las condiciones de trabajo”, dijo. 

Los trabajadores se comprometen previamente a estar conectados y a prestar tareas durante determinadas franjas horarias, que en general se corresponden con las altas de alta demanda. “Es decir que las aplicaciones requieren de determinada cantidad de trabajadores en horas de alta demanda y para eso rematan horas, ponen a competir a los trabajadores según su performance anterior para ver quiénes van a poder estar en esas horas de alta demanda y qué trabajadores no”, sostuvo.

Según se detalla en el documento los trabajadores les confirmaron que “con el tiempo se ha vuelto cada vez más complejo subir de nivel y aseguran que cada tanto aparecen pedidos fantasma que desaparecen sin motivo aparente antes de que los puedan aceptar”.

Por tal motivo el abogado laboralista sostuvo: “Cuando hay errores o arbitrariedades en la asignación de tareas impactan sobre los cálculos de los rankings de los trabajadores y después no tienen condiciones justas para competir por esas horas de alta demanda”. 

“Es evidente que las empresas de plataforma están regulando la fuerza de trabajo como hace cualquier firma con sus empleados, pero acá los trabajadores no conocen cuáles son las reglas para regular esa fuerza de trabajo. Por lo tanto están compitiendo entre sí y pierden en todos los casos contra la plataforma”, dijo.

“Los trabajadores tienen que intuir cuáles son las variables que utiliza la plataforma para calificar su trabajo. No tienen certeza de qué se espera de ellos y otra vez significa desconocer las reglas de juego. Estas arbitrariedades como los pedidos fantasma alteran totalmente cualquier indicador de justicia en la relación de trabajo”, criticó.

Políticas públicas para regular las condiciones de trabajo

“Las condiciones en las cuales están trabajando muchas de estas personas son inaceptables por lo que tienen que aparecer los Estados y los gobiernos para adoptar políticas públicas efectivas. En todo caso queda pendiente preguntarse si las regulaciones laborales existentes son suficientes para proteger a estos trabajadores”, dijo Ottaviano.

“Nosotros trazamos una diagonal entre una postura que plantea que las regulaciones laborales son suficientes y otra la liberalización de ellas. Esto implicaría respetar derechos laborales e innovar en regulaciones de manera muy precisas y aspectos específicos como la organización de la jornada o la gestión algorítmica”, detalló. 

En ese sentido desde Fundar proponen un modelo que va por fuera de las opciones binarias de autonomía o subordinación. Es el modelo del estatuto, ya existente en Argentina, como el más adecuado para proteger los derechos de las personas trabajadoras y adecuarlos a la habitualidad del trabajo que realizan. “El estatuto es una vía para respetar derechos del trabajador que son inalienables, pero además establecer modificaciones para mejorar inclusive las condiciones de trabajo de plataforma respecto de otras formas, como estatutos, convenios colectivos o la Ley general”, dijo Ottaviano.

Y amplió: “Debemos ver con qué herramientas sumamos lo que podemos llamar derechos tradicionales con derechos nuevos donde por ejemplo esté previsto cuáles son las consecuencias de rechazar un pedido, o las consecuencias de no elegir una determinada franja horaria. Si está escrito eso además puede ser negociado colectivamente”.  

“No tiene sentido por ejemplo que los trabajadores de plataforma, al garantizar sus derechos, en vez de trabajar con el sistema de rechazo de pedidos o de selección de horas pasen a tener que trabajar de manera continua en turnos rotativos de 8 horas. Eso lo admitiría la Ley general pero no es la modalidad que efectivamente existe en el trabajo de plataformas”, ejemplificó.

¿Qué pasa a nivel internacional?

En otros lugares hay un avance notable en la regulación de este tipo de modelo de negocios y trabajo, sin ponerlo en crisis. Instancias de este tipo se analizan en países que van desde China a Estados Unidos. Incluso en nuestra región hay debates parlamentarios, intentos regulatorios y jurisprudencia en lugares como Uruguay, Chile, Perú, México y comienza a plantearse en Colombia.

Ottaviano cita como ejemplos la Ley Rider de España o la regulación de la región escandinava. “La legislación española en un artículo dice que los trabajadores son asalariados y en otro donde le indica a las empresas que tienen que abrir los algoritmos a los trabajadores y el Estado”, contó y agregó: “En España se está negociando colectivamente la composición del algoritmo, algo que se hace en la región escandinava. Y el modelo de negocio no está en crisis, en todo caso se modifica al calor de algunas regulaciones que tienen como objetivo garantizar derechos laborales básicos pero no lesiona de muerte el modelo de negocio de las empresas de plataformas”.

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