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“Mamá Cecilia” tiene más de “60 hijos” en un refugio para adultos mayores que sostiene a puro amor

La muerte de su abuelo cuando ella tenía 11 la marcó. Desde hace 22 años es la cara del refugio más amoroso de Merlo, en la provincia de Buenos Aires, donde brinda techo, comida y una enorme familia a adultos mayores de bajos recursos y en situación de calle.

¿Quién dice que la “adopción” tiene edades? ¿O que los padres deben ser mayores que los hijos? Cecilia, de 47 años, tiene un hijo adolescente y otros 60 que, en su mayoría, superan los 80 años.

Cecilia Melano se transformó en “mamá Cecilia” desde hace más de dos décadas. A fuerza de trabajo, lucha y amor auténtico, formó un hogar que brinda techo, comida y una enorme familia a adultos mayores de bajos recursos y en situación de calle.

Funciona en Merlo, provincia de Buenos Aires. “Es un mundo aparte, uno que hicimos nosotros”

“Los acompañamos hasta el último suspiro”
Un rato antes de hablar con TN, Cecilia estaba en el hospital con una de las mujeres que vive en su hogar. Es que su vida transita junto a los “abuelos”, como los llama, en el refugio que formó.

“La gente no le pone voluntad a ver más allá de lo que te permiten los ojos. Si te dan en adopción a un nene y a un abuelo, ¿a quién vas a adoptar?”, pregunta. “Lo que nosotros hacemos es acompañar hasta el último suspiro”.

Su cercanía con los adultos mayores es de larga data. “Siempre tuve afinidad con personas de la tercera edad”, recuerda. “Conocía a una señora que vivía en un geriátrico cerca de mi casa y venía a tomar mate”, relata.

Además, la pérdida de su abuelo cuando tenía 11 años jugó un rol clave en la vocación de servicio y cuidado que tiene hoy. “Cada vez que hago algo por alguien, siento que es lo que no pude hacer por él”.

El destino y principalmente su voluntad hicieron que atravesara varias etapas sin despegarse de un objetivo que siempre tuvo claro. “Estudié, hice enfermería, no me gustó. Estudié para ser extraccionista, radiología, no me gustó”, enumera Cecilia.

Mala experiencia en los geriátricos
Su trabajo en dos geriátricos la llevó a confirmar qué rumbo quería tomar. “Estuve en uno por un tiempo y después en el área de enfermería de otro, por casi dos años. Gracias a Dios lo cerraron, después de que murieron los dueños”, dice.

“Porque mientras yo estaba, era hermoso. Pero el tema venía cuando yo me iba. Los bañaban con agua fría y los acostaban mojados para que se durmieran rápido, los maltrataban, todo era horrible”, recuerda. “Yo quería tener mi hogar y hacerlo a mi forma”, sostiene.

Esto se concretó gracias a que tiempo después su padre le regaló el alquiler de una quinta en San Antonio Padua. “Me fui a vivir ahí con 6 camas que me dieron”, apunta.

Allí empezó la historia que en octubre cumplirá 22 años. José y Chocha fueron los primeros en llegar, provenientes del geriátrico en el que había trabajado Cecilia. Al poco tiempo llegó Rosita, después se sumó Mima.

El boca a boca hizo el resto y no tardaron en aparecer casos de personas en situación de calle, abandonadas o perdidas, que Cecilia no dudó en recibir. El “protocolo” del hogar, que físicamente se trasladó en varias oportunidades, hasta llegar a la casa actual, en Merlo, consta de algunos pasos.

Al toparse con una persona perdida o ser alertada por un caso, Cecilia busca dar con familiares, dado que a veces se trata de gente que está perdida o se fue de su casa a causa de alguna enfermedad psiquiátrica.

“Una premisa que nosotros tenemos en el refugio es que juzgamos desde que entran acá. Lo que pasó antes, no. Porque además no sabemos qué es verdad y qué no”, sostiene. “Hace poco la Policía la llamó a la madrugada porque encontró a un señor deambulando en medio de la ruta. Resultó que tenía familia, pero estaba desnutrido, completamente descuidado”, ejemplifica sobre una de las personas que hoy vive en el refugio.

El hogar, en el que viven 60 personas a las que cuida como hijos, se sustenta gracias a múltiples donaciones, de camas, insumos, ropa y comida, y los ingresos jubilatorios que percibe una parte de los integrantes. Junto a ella trabajan 5 personas para cuidar y atender las necesidades de los abuelos. “Yo lo único que no recibo es plata”, aclara Cecilia.

“Somos una familia”: cómo funciona el hogar Mamá Cecilia
Mientras Cecilia habla por teléfono, una voz detrás acota y aclara varias cuestiones, para no permitir que se equivoque. A la primera voz en off se le suman dos más con el transcurso de los minutos que dura la conversación.

“Es que somos una familia. Ellos saben todo lo que sucede acá”, explica. Y cuando habla de familia, es en todos los sentidos.

"Somos una familia", dice Cecilia. (Foto: Ariel Timy Torres / AFP).

“A mi hijo Agustín lo tuve de grande, yo no quería ser mamá, pero me surgió la necesidad en un momento de mi vida. Entonces se crio acá, con los abuelos. Él tiene 60 abuelos que lo malcrían y no puedo decir nada”, se ríe.

El hogar está a unas 6 cuadras de la casa en la que vive junto a su esposo y su hijo, pero las horas reloj que pasa en cada una posiblemente inclinarían la balanza. “Mi marido ya se acostumbró, me paso todo el día acá”, admite. “Yo elegí tenerlos como hijos”.

Por eso el hogar no funciona como un geriátrico y su fundadora insiste en dejarlo en claro. “Los abuelos tienen alfabetización, antes de la pandemia venían maestras, a fin de año se distinguía al abanderado, al mejor amigo, también se canta el himno cada mañana”, cuenta.

También festejan cumpleaños, celebran Halloween y hasta los visita Papá Noel a fin de año. “Es un mundo aparte, uno que hicimos nosotros, con nuestras reglas y principios. Es una nueva elección de vida. Cualquier decisión siempre la tomamos en grupo: desde lo que comemos hasta si pintamos la pared”, sostiene.

“No se compara con lo que es un geriátrico ni en una cuarta parte; no vas a ver a ningún abuelo sentado todo el día o durmiendo”, remarca. “Acá tienen un techo, amor, comida, y cagada a pedos, como cuando tenés muchos hijos”.

Quienes quieran colaborar con el hogar o conozcan un caso de un adulto mayor en situación de calle o urgencia, puede comunicarse al 11 5923-1979.

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