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Romina y su mamá se reencontraron después de 43 años y pasarán su primer Año Nuevo juntas

Hace tan solo algunos meses, la mujer pudo conocer a su madre biológica a través de las redes sociales. “Hoy siento calma, ya nada pesa”

Estas fiestas no son una más para Romina Di Rosa. Aunque siempre supo que era adoptada, el miedo la paralizaba a la hora de buscar sus raíces. Tras muchos años de terapia y maduración, este 2022 sintió que estaba preparada y decidió dar un paso fundamental: buscar a su mamá biológica a través de las redes sociales. De lo que no tomó dimensión es que un posteo en Facebook iba a cambiar su vida para siempre y que, después de 43 años, recibirá el 2023 junto a ella.

“Antes no me atrevía a soñar ni a fantasear el momento de pasar las fiestas juntas porque era una etapa en la que sentía que las cosas eran así y no iban a cambiar. Pero comencé a soñarlo desde que la conocí y estoy ansiosa de que llegue el 31″, expresó la mujer en diálogo con TN.

Desde el momento en el que se encontraron por primera vez, todo cambió. En ese sentido, para ambas se despide un año bisagra en sus vidas que quedará marcado en su memoria. “Es muy simbólico para mi, dejo atrás un año en el que tuve que romper con muchas situaciones internas mías y decidí abrirme para buscar”, sostuvo Romina.

Verónica, su mamá biológica, vive en Misiones y suele viajar una vez por mes a Miramar para disfrutar tiempo en familia. Aunque Navidad la pasaron a distancia por el trabajo, el 2022 tendrá un cierre ideal y su deseo se convertirá en realidad: podrán brindar todos juntos.

Sin lugar a dudas, la velada que los espera será especial, en lo simbólico y en lo emocional. “Será una reunión de Año Nuevo distinta, superemotiva y llena de felicidad. Este 31 de diciembre será la primera vez para mi que cuando brinde, en el momento exacto que marque el reloj las 00:00, no mande un saludo interno”, manifestó.

Después de 43 años, el sueño de conocer a su mamá biológica se cumplió y este Año Nuevo podrá brindar junto a ella. (Foto: Gentileza Romina Di Rosa)

La mujer destacó la generosidad y el amor que tuvieron sus padres adoptivos, que la apoyaron en la búsqueda y ahora celebran la llegada de un nuevo año todos juntos. “Me hace muy feliz. Mi marido sostiene que desde el encuentro con mi mamá soy otra persona. Ahora siento paz y fluyo distinto con mi entorno”, relató. Y agregó que sus hijos están contentos porque en cada visita conocen un poco más a su abuela “que es supercanchera, con la cual pueden hablar y reírse de cualquier cosa”.

Verónica tuvo una vida muy dura: también es adoptada y recién el año pasado se enteró de que tenía hermanos en Misiones. El amor y la vida hizo que los pueda encontrar a través de las redes sociales, al igual que a su hija.

En ese contexto, Romina detalló que el 2023 llegará cargado de emociones porque podrá, por fin, conocer a sus tíos biológicos: “Esta historia ha tenido para mi un final más que feliz, mejor dicho, ¡un comienzo feliz!”.

Por otro lado, le dejó un mensaje esperanzador a aquellas personas que todavía no se animan a buscar a sus familiares biológicos: “Hay que atreverse a dar el primer paso. El hecho de haber encontrado a mi mamá me liberó. Hoy siento calma, ya nada pesa. Todo fluye”, concluyó.

Su historia y el proceso previo a la búsqueda
Romina nació el 21 de octubre de 1978 en Remedios de Escalada, Lanús, y fue dada a sus padres adoptivos de inmediato. “Nunca me ocultaron el tema de la adopción, siempre supe. Recién en la adolescencia me dieron más datos concretos, pero no sabía qué hacer con eso. Me llevó mucho tiempo y mucha terapia salir de la zona de victimización, eso de por qué me dejaron. Te sentís dejada, pero cuando empezás a crecer comprendes que hay muchas razones que llevan a una persona a dar en adopción a su hijo”, narró.

(Foto: Romina Di Rosa)

Un día le contó a una amiga su situación y las ganas que tenía de conocer a su madre. Su compinche la aconsejó: “Todo depende de cómo quieras ver el tema. Tenés información que te puede servir para buscarlos, hay gente que busca familia sin tener tantos detalles. Animate”. Esa charla fue un gran incentivo para Romina.

“Otra de las cosas que me hizo hacer el click fue que comencé con problemas de salud. Tuve varias operaciones, salía de una y entraba a otra. Ahí entendí que mi cuerpo me hablaba y tenía que mirarme hacia adentro, ver lo que me manifestaba esto”, explicó.

A partir de estos eventos, había algo que en su interior la empujaba a empezar la búsqueda. Es por ello que se unió al grupo “¿Dónde estás?”, aunque no se animaba a dar el primer paso. Ella entraba, miraba las publicaciones y salía sin escribir. Hasta que, con todo el valor del mundo, seis meses después decidió postear.

El posteo en Facebook que cambió la vida de Romina
“Hola, mi nombre es Romina. Busco a mi madre biológica. Mi madre biológica se llama Valeria o Verónica, en el momento de su embarazo tenía entre 19 y 22 años, pelo rubio oscuro ondulado, ojos color almendra, cara redonda, de 1,70 aprox. de altura y de piel muy blanca, oriunda de alguna colonia suizo-alemana de Misiones. Hoy debería tener entre 62 y 65 años”, escribió.

Después contó que en 1977 llegó de Misiones a trabajar para una familia y que quedó embarazada del hijo de sus jefes. A la mamá de Romina la obligaron a dar a su bebé en adopción porque consideraban su embarazo como algo vergonzoso. En el resto del mensaje trató de ser lo más precisa que pudo y apretó publicar: solo restaba esperar.

A los minutos, una de las administradoras del grupo le escribió por privado para darle apoyo, guiarla y contenerla. Romina se sentía vulnerable porque, pese a haber dado un gran paso, había expuesto una parte de su vida en una red social a la que podían acceder miles de personas. “Pensé que quedaba ahí, solamente en un muro”, creyó y de un momento a otro la publicación se llenó de comentarios y mensajes.

La primera foto que se sacaron Romina y Verónica. (Foto: Romina Di Rosa)

“Tuve que apagar el celular. Al día siguiente, miro y tres horas después del posteo había recibido un mensaje de ella. Decía ‘Hola, soy Verónica. Entrá a mi perfil, fijate. Apenas vi tu foto, supe que eras vos. No sé como llamarlo, pero lo supe’”, relató y agregó: “Nos comunicamos, le pedí que me contara su versión de la historia. Le pregunté dos o tres cosas fundamentales y cuando me lo contestó, me tuve que pellizcar”.

Romina había ingresado al grupo hacía seis meses; Verónica, hacía dos y tenía una rutina muy especial: después de una larga jornada de trabajo, entraba a Facebook y revisaba el muro para ver si había señales de su hija. “Ella todas las noches tenía el deseo de ser buscada”.

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