in

Terapias de conversión: denunció a un psicólogo por someterlo a un tratamiento para “curar” su homosexualidad

El arte lo ayudó para contar lo que le pasó. El INADI y el Colegio de Psicólogos de Santa Fe se pronunciaron en contra de estos tratamientos.

Gastón Onetto fue atendido en Santa Fe por un psicólogo rosarino desde 2004 hasta 2006. El profesional le diagnosticó “quebrantamiento de género” y lo sometió a un tratamiento para ”curar” su homosexualidad, como si su orientación se tratara de una enfermedad.

Quince años después, Onetto pudo denunciarlo ante el INADI y el Colegio de Psicólogos de la provincia de Santa Fe. Este último ya se pronunció fuertemente en contra de los tratamientos de “terapia de conversión”.

“El rincón de todas las escuchas”, anuncia el cartel escrito a mano en una habitación de su casa. Tal como lo describe la señalización, el sitio es confortable, amistoso. Es que hay algo que el santafesino tiene muy claro: solo desea habitar ambientes así, de esos en los que uno se siente protegido.

Desde el sillón de la habitación, narró que hace 15 años vivió uno de los procesos más dolorosos a los que se puede enfrentar una persona: una “terapia de conversión”. Tras ese calvario, en 2020, Gastón denunció al profesional ante el Colegio de Psicólogos y la entidad se expidió en contra de esas prácticas.

Gastón tenía 20 años cuando fue sometido a esas prácticas. Estudiaba psicología y deseaba asistir por otras cuestiones de la vida, que no estaban relacionadas con su sexualidad. Había llegado a él por medio de un compañero de un grupo católico que integraba mientras cursaba el primer año de la universidad.

Analizándolo con la perspectiva del tiempo, Gastón recuerda que desde el principio hubo actitudes del profesional que no deberían haberse llevado adelante. “Desde la primera sesión nombró a Dios. A mí en ese momento no me parecía raro, pero hoy con el paso del tiempo y mi formación como psicólogo puedo decir que eso no estaba del todo bien”, aseguró.

Quebrantamiento de género
Recién en el tercer encuentro, Gastón y el psicólogo hablaron sobre la sexualidad del paciente. “En ese momento estaba empezando a salir con el primer chico en mi vida y se lo conté, para el fue como si hubiese dicho algo terrible”, recordó el santafesino. Desde entonces, de una forma estratégica, el psicólogo comenzó a hablarle a Gastón sobre su sexualidad e intentar convencerlo de que “estaba mal” y “era una enfermedad”. En primer lugar, le diagnosticó “quebrantamiento de género”. Gastón rememora algo que lo marcó: “me dejó el claro mensaje de que eso estaba mal y así me construyó un problema que hasta el momento yo no tenía”, aseguró.

Luego del diagnóstico, el psicólogo comenzó con el tratamiento que consistía, básicamente, en “evitar el estilo de vida gay”. De esta manera, el paciente se tenía que vestir, ver, oír y comportar de otra manera. “La ropa unisex para el era lo peor del mundo”, relató Gastón. Las sesiones se realizaban con una frecuencia aproximada de 15 días porque el profesional viajaba desde Rosario.

Durante el tiempo que duró el tratamiento, el psicólogo logró que Gastón se alejara de varios de sus afectos. “Me decía que no le contara a mis padres lo que hablábamos y me aconsejaba alejarme de todas las personas que podían influir en mi sexualidad”, narró.

El paciente solo había sido autorizado a hablar con tres personas de su entorno, con la autorización del psicólogo. De alguna manera, el profesional había elegido los vínculos que podía mantener su paciente. “Obviamente que desde la primera vez que hablamos del chico con el que estaba saliendo, tenía prohibido contactarme con él”, explicó Gastón.

Un campamento para dejar de ser gay
Para Gastón, el tratamiento siempre se basó en tratar de convencerlo de por qué estaba mal la forma en que sentía su sexualidad. El comportamiento del psicólogo fue estratégico ya que, tratándose de un paciente que estudiaba psicología, le mostró una gran variedad de teorías y explicaciones de algunos autores en los que basaba sus argumentos. “Me traía textos y me mostraba lo que decían algunos psicólogos internacionales, obviamente que no eran muy conocidos, pero en ese momento, para mí, que tuvieran la matrícula ya significaba que tenían la autoridad para decirlo”, indicó Gastón.

Tras un largo período de tratamiento, el psicólogo persuadió a su paciente para que asistiera a un campamento. Se trataba de una especie de retiro de 10 días en el que había charlas y actividades de reflexión relacionadas a la “terapia de conversión o restauración”, que se basaban en los mismos criterios que trabajaba el profesional rosarino. Algunas de las organizaciones internacionales de cura-gay que están a cargo de actividades como estas son Aguas Vivas, Desert Stream y Exodus International, según lo que pudo investigar Gastón en la actualidad.

El santafesino recuerda que no tenía ganas de asistir al campamento, pero la persuasión del psicólogo fue efectiva. El encuentro se realizó en Córdoba, en un hotel y con la asistencia de unas 200 personas de todas las edades. Había varones y mujeres, pero Gastón recuerda que algunas eran personas trans que estaban allí realizando un tratamiento para dejar de serlo. Ver lo que pasaba en ese lugar y vivirlo, fue un punto de inflexión para él.

Con permiso de un cura
En primer lugar, para asistir al campamento debió tener la autorización tanto del psicólogo como de un cura. Es que las personas que asistían eran principalmente de la religión católica o evangélica y quienes estaban a cargo de la organización, también. Además, había gente de otros países.

“Ministerio para adictos a la sexualidad”, “¿Se puede curar la homosexualidad?” Gastón todavía conserva el programa y algunos folletos que le dieron durante el encuentro. En el cronograma, se titulan las charlas y los temas. “Ellos sostenían que había tres factores por los que una persona se volvía homosexual: por un padre ausente, por una madre sobreprotectora o por un abuso”, detalló alarmado Gastón.

De esta manera, en el campamento explicaban y analizaban las realidades a través de esos factores. “Ellos utilizaban algunos discursos o cosas que se decían en la vida cotidiana sobre la sexualidad y los trataban de explicar teóricamente”, precisó. “Eran preceptos morales que pasaban al plano de la ciencia, como por la ciencia al servicio de esa moral”, agregó.

El santafesino recuerda que se encontró con un montón de personas diferentes pero que en todas vio algo similar: “notaba que estaban luchando contra lo que eran y que la estaban pasando mal”. Relató también que en una ocasión escuchó decir a un hombre que otro joven se había sacado una remera en frente de ellos y lo calificaba como una barbaridad. “Esas personas estaban como restringiendo algo que parecía imposible contener”, rememoró.

Tras el campamento, Gastón comenzó a investigar más a las organizaciones. Asistió una pocas sesiones más con su psicólogo, pero ya tenía demasiadas dudas e incomodidades respecto a la terapia. “Vi algunos videos y testimonios de personas que eran grandes, habían pasado por estos tratamientos y no habían resultado, lo que me indicaba que además de hacer daño tampoco podían ser efectivos”, añadió.

Durante la última sesión a la que asistió con el psicólogo, Gastón escuchó todo lo que tenía para decirle, pero al llegar a su casa le envió un mail diciéndole que lo que había hecho con él estaba mal. “Recuerdo haberle escrito algo así como que no le deseaba a nadie pasar por lo que yo había vivido”, describió. Luego de enviar el mail, decidió olvidarse completamente de lo ocurrido. Con el tiempo y con esfuerzo, volvió a retomar sus vínculos pero se alejó completamente de la religión.

La denuncia
El arte, ese fue el camino que Gastón encontró, en primer lugar y durante muchos años, para canalizar todo el dolor que había vivido. Junto a un equipo de artistas, ideó, creó y concretó una obra circense: “La cura, memorias invertidas”, protagonizada por él como La Marique.

Casi quince años después, el campamento volvió a la memoria de Gastón. Fue en un viaje a Córdoba en el que se encontró con el lugar al que había asistido. Lo que más lo impactó no fue encontrar el sitio, sino notar que todavía funcionaba. En ese momento, comenzó a revivir todo lo que había sentido.

Luego, en un encuentro de personas que realizan actividades relacionadas al circo, habló con un colega que le confesó haber sido invitado a uno de esos encuentros de “terapia de conversión”, sin saber que Gastón había asistido a uno de ellos hacía casi 15 años. En ese momento, supo que debía hacer algo más porque solo con la denuncia artística ya no era suficiente.

Primero, se contactó con la abogada Paula Spina que tenía experiencia en el derecho y el género, quien le explicó que el mecanismo de denuncia en la justicia no era seguro, sobre todo, por el tiempo que había pasado desde que recibió la terapia. Por eso, decidieron que lo mejor era elevar la situación al Colegio de Psicólogos y al INADI.

En 2020 enviaron por escrito el requerimiento para que los entes intervinieran en el asunto de las terapias de conversión en la provincia de Santa Fe. El Colegio se tomó casi dos años para investigar sobre lo ocurrido, citó e interrogó al psicólogo implicado. Finalmente, en julio de 2022 emitió una pronunciación al respecto, mediante la resolución de su Tribunal de Ética y Disciplina.

“A estas terapias se las puede equiparar con métodos de tortura, violatorios de los derechos humanos. Quienes estuvieron expuestos a estas prácticas aberrantes han sido traumatizados, y subsumidos en padecimientos psíquicos. El dolor y el sufrimiento concomitante cobran un lugar trascendental en quienes han sido sometidos a estos procedimientos. Las mismas se constituyen en prácticas deshumanizantes y atentan contra la salud, la autonomía, la dignidad e integridad”, indica el comunicado, que también aclara que toda la documentación será enviada a la Federación de Psicólogos y Psicólogas de la República Argentina (FEPRA), para que tome cartas en el asunto y contribuya a que estas terapias no se lleven adelante por los profesionales de la salud mental.

Asimismo, en el comunicado, además de destacar todos los aspectos negativos que genera la terapia de conversión en la salud de las personas, se indican las acciones que realizará el Colegio para erradicarlas. “Nos comprometemos a socializar en el Consejo provincial lo dispuesto por el Tribunal, para llevar adelante una campaña de concientización sobre la gravedad de estas prácticas que inciden sobre la subjetividad de un modo arrasador. Asimismo, asumimos el compromiso de difundir las terapias avaladas por la comunidad científica, organizar capacitaciones en perspectiva de género y disidencias como así también en materia de derechos humanos y salud mental. Propondremos en el Consejo provincial la reelaboración del artículo 38 de nuestros Estatutos, para que algunas causas no prescriban, enunciando las excepciones y de esta manera se pueda aplicar la sanción ética cuando se amerite”, detalla el escrito.

Por su parte, el Área de Género y Disidencias del Colegio de Psicólogos de la provincia de Santa Fe emitió un comunicado en redes sociales en el que aseguró que “el padecimiento psíquico y subjetivo no prescribe”. Con esto hacen referencia a la reglamentación vigente y a la necesidad de reconstruirla ya que hasta el momento, las denuncias en el ente deben realizarse hasta dos años después de ocurridos los hechos porque luego ya no tienen efecto ni sanción posible contra el profesional.

Necesidad de políticas públicas
Actualmente, Gastón y su abogada esperan la resolución del INADI, que creen que les permitirá avanzar sobre la cuestión. Sobre el psicólogo denunciado aún no tuvieron novedades, aunque sí saben que hasta el momento en que se realizó la denuncia seguía atendiendo pacientes y subía videos a Youtube hablando sobre la “terapia de conversión”.

A pesar de que aún no se había hecho pública la denuncia de Gastón, él decidió contarlo porque cree que lo más importante es que la gente que lleva adelante las terapias de conversión no se sienta impune y que quienes son sometidos, puedan tener los medios para salir adelante. “Las personas a cargo de estos tratamientos sienten que están librando una cruzada contra la homosexualidad y eso tiene que terminar”, sostuvo el santafesino.

Las repercusiones sobre su caso, aún le parecen extrañas ya que no logra definir por qué mucha gente se sorprende por lo que vivió. “Yo no sé si es porque no sabían que existían estas instituciones o porque no creían que fuera verdad”, reflexionó. De todas formas, aseguró que espera que su denuncia y el repudio de varias organizaciones a este accionar se haga cada vez más masivo y derive en algún tipo de ley o restricción para ejercer las “terapias de conversión”. “Tengo la esperanza de que incida sobre las políticas públicas”, expresó.

Para Gastón y su abogada, es necesario que haya una ley explícita que las nombre y las prohíba, caso contrario es como si este tipo de acciones se manejaran por otro carril, diferente a los que las leyes prohíben o permiten. Además, sostienen que no solo se necesita que las prohíban, sino que brinden los medios para desarmarlas. “Es un universo desconocido, como mucha gente no sabe sobre esto parece que no existiera, pero en verdad sí y de una manera muy fuerte”, concluyó Gastón.

“Vale con Bigote”, la historia de amor y risas de la pareja que se viralizó en TikTok y llegó al teatro

El prontuario oculto de Mark Wahlberg: crímenes racistas, intento de homicidio y tráfico de drogas