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Un apagón masivo les arruinó el casamiento, le hicieron juicio a la empresa y recuperaron la fortuna invertida

La falla eléctrica dejó a oscuras a 11 barrios de la Ciudad de Buenos Aires el día de la boda de Gisella y Eduardo. La noche más feliz de sus vida se convirtió en un drama. El caso es uno de los que cuenta Daniel Malnatti en su libro: “¡Proteste! Guía práctica y testimonial para que nos dejen de tomar por tontos”.

Muchos consumidores somos engañados, estafados o simplemente desilusionados. En ¡Proteste! Guía práctica y testimonial para que nos dejen de tomar por tontos, recopilo varios casos reales, para que aprendamos en qué momento y cómo reclamar.

En esta segunda entrega, el caso de los novios a los que un corte de luz les arruinó la ceremonia y la fiesta de casamiento.

Casamiento a vela: el día más feliz de sus vidas terminó siendo la noche más dramática
La novia vivía en el sexto piso. Ya estaba maquillada, peinada y con el vestido puesto cuando a las 20:06 la sorprendió el apagón. A esa hora el novio la esperaba en la puerta de la parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Y los invitados estaban llegando.

Cuando se cortó la luz, la maquilladora y el modisto ya habían terminado su trabajo. Todos concuerdan en que en ese momento la novia estaba radiante. Por compasión o cortesía nadie preguntó cómo quedó después de bajar seis pisos por la escalera.

Un megaapagón había dejado a oscuras a 11 barrios de la Ciudad de Buenos Aires. Entre las 800 mil personas que se vieron perjudicadas en hospitales, bares y calles de la ciudad estaban Gisella y Eduardo, quienes ese día y a esa hora iban a casarse.

Lo que sigue es la crónica de lo que ocurrió esa noche según las constancias del expediente “Perrotta, Gisella María y otro c/ EDESUR SA s/ Daño y Perjuicios” que tramitó ante el Juzgado Civil y Comercial Federal Número 7, Secretaría 40.

El apagón: 11 barrios sin luz y una boda a la luz de las velas
El apagón del 29 de julio de 2006 dejó sin luz a 228 usuarios, lo que representa a 800 mil personas en 11 barrios de la ciudad de Buenos Aires. Los más afectados fueron Caballito, Flores, Floresta, Villa Lugano y Parque Chacabuco.

La falla eléctrica se originó en un incendio en la subestación Perito Moreno de Flores. A los pocos días del apagón más de 400 vecinos ya habían hecho su reclamo ante Edesur. En su gran mayoría se trataba de daños en artefactos eléctricos por las diferencias de voltaje que se dan durante los cortes. Se trata de televisores, heladeras, estufas, planchas ymicroondas que después del apagón nunca vuelven a prender.

Según los reglamentos no existe obligación por parte de la empresa de resarcir otros gastos. Si el freezer se descongela con la comida de todo el mes, si el stock de vacunas contra la gripe de tu farmacia estaba a tope, o si sos el heladero, andá buscando un abogado. Tanto para esas cuestiones, así como para el caso de Gisella y su novio, la mejor opción es iniciar un juicio en tribunales.

Ni blanca ni radiante: la angustia de la novia el día de su boda
Obviamente el portero eléctrico no funcionaba. El chofer del auto que iba a llevar a la novia subió los seis pisos hasta el departamento de los padres de Gisella, para avisar que estaba todo listo para salir.

Había que apurarse. En menos de media hora iba a empezar la ceremonia religiosa y no había tiempo para esperar que vuelva la luz. Siguiendo las velas, la novia, sus padres, el modisto y el chofer emprendieron el camino hacia el auto.

Llegaron tarde, a las 10 de la noche. La novia, en shock, lloraba dentro del auto y no podía bajar. Estaba a un poco más de 100 metros del altar, pero muy lejos de casarse. Tenía todo el maquillaje corrido y poca luz para arreglarlo. Pero por suerte, siempre hay revancha en esta vida.

El llanto, la incertidumbre y la decepción, se convirtieron dos años después en una demanda contra la distribuidora de la electricidad. El monto total de lo reclamado fue de 241.897 pesos más los intereses. Aproximadamente 23 millones de pesos, actualizando el monto.

La Iglesia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa en Parque Chacabuco estaba a oscuras. Y Gisella todavía dentro del auto. Necesitó 45 minutos, el cariño del novio y la asistencia de un primo que es médico para recuperarse. O para resignarse, no se bien cuál es la palabra exacta.

Una hora y media después de lo previsto la novia entró a una iglesia sombría, apenas iluminada por unas cuantas velas que compraron los invitados en un supermercado chino de la zona. Como no andaba el equipo de música la hermana de la novia convenció a los chicos del coro que circunstancialmente estaban en el lugar para que canten algo a capella.

Al final del recorrido, los esperaba el cura. Un sol de noche, de esos que se usan en los campamentos de los boy scout de la parroquia los iluminaba. Tampoco se los escuchaba mucho porque a falta de luz el sistema de amplificación quedó fuera de combate.

Ante este panorama, el sacerdote achicó su sermón y redujo lo más que pudo la ceremonia. El casamiento que con coro, fotos y todos los chiches dura entre 30 y 45 minutos se resolvió en menos de 15. Fue una ceremonia “tristísima” recordaron los testigos en el juicio.

En la demanda, los novios cuentan que para ellos “asistir a la Iglesia con un vestido blanco de novia y un traje oscuro de novio no era un mero trámite formal, sino uno de los momentos más importantes y más esperados de nuestras vidas”.

La mención al vestido de la novia y el traje del novio no está demás. Ellos reclamaron, entre otros gastos, que Edesur les pagara lo que gastaron en indumentaria para esa noche. Reconocen que pudieron ”utilizar” esa ropa, pero que no la pudieron “disfrutar” como ellos habían imaginado.

En el rubro traje de novia, maquillaje y traje del novio se reclama un total de $2427 pesos ($230 mil a plata de hoy). Más o menos el 1% del total de la demanda. El otro 99% restante corresponde con algo que va a suceder después.

La fiesta inolvidable por los motivos menos esperados
Después de la ceremonia los novios fueron a sacarse las fotos para su álbum a Ramos Mejía. Cuando volvieron a la ciudad muy pocas casas habían recuperado el suministro eléctrico. Pero en el barrio de Parque Chacabuco, más precisamente en el Club Pedro Echagüe, el lugar donde se iba a hacer la fiesta, la oscuridad era total.

Fue un volver a empezar, recuerda el chofer. La novia otra vez en crisis, y otra vez no quería bajar del auto. Esta vez, estaba furiosa y lloraba. Ya era imposible tratar de convencerla de que se trataba de un corte pasajero.

Al final entró al club a las 00:30. Fue una entrada inolvidable, pero no por los motivos esperados. La música de la recepción fue reemplazada por un murmullo incómodo y esforzados aplausos. Ni siquiera se veía bien a quien saludaban y a la abuela del novio no la pudieron saludar porque la habían evacuado antes de que lleguen por temor a que por la oscuridad se tropiece y se caiga.

Para los abogados de la empresa, la responsabilidad era de los novios por no haber tenido un grupo electrógeno. (Foto: Imagen ilustrativa /Adobe Stock)

Entre los gastos figura que los novios le reclamaron a la empresa la ropa, el alquiler del salón, los gastos de la iglesia, el catering de la fiesta, las fotos, el video, el disc jockey, las tarjetas de invitaciones y el cotillón. No se olvidaron de nada.

La empresa contestó la demanda. Según su punto de vista las fallas en este tipo de servicios son previsibles, porque “toda prestación en la que intervengan máquinas, artefactos o elementos técnicos son susceptibles de sufrir desperfectos o averías”. Las máquinas se rompen y dejan de funcionar, es cierto. Pero la empresa da un paso más.

Agregan que las fallas “son previsibles pero no evitables”. Y enderezado de esta manera los argumentos apuntan todos sus cañones a los novios. Según la empresa, para el usuario el corte es también previsible pero en ese caso también evitable. Y dice: “Para ello solo debe contar con un equipo electrógeno”, argumentan en la contestación de la demanda.

En otras palabras, le echan la culpa a los novios. Para los abogados de la empresa los novios son responsables de lo que pasó esa noche por no haber previsto que podía haber un corte y no tener listo un grupo electrógeno.

“Es fundamental -dice la contestación de demanda- destacar que los novios deberían haber tomado las previsiones necesarias para evitar los inconvenientes reclamados ante una interrupción de la electricidad”. Y lo explican para Doña Rosa: “En todos nuestros hogares tenemos elementos de primeros auxilios (curitas, gasa, alcohol, algodón, etc.) ello precisamente porque es previsible pero no evitable, que alguien se accidente. Es así que, ante ese hecho previsible tomamos ciertas precauciones como tener elementos de primeros auxilios”.

Los jueces no tuvieron en cuenta estos argumentos. De haber sido admitidos los novios deberían indemnizar a todos sus invitados por la mala noche. A partir de la publicación de ese fallo las víctimas de accidentes aéreos iban a ser culpables por no viajar con un paracaídas puesto. O quien es apuñalado en un asalto, por no llevar hilo y sutura en el bolsillo.

En la sentencia que les termina dando la razón a los novios los jueces consideraron que los daños y perjuicios derivados del corte son responsabilidad de la empresa, a menos que se pruebe que los hechos que ocasionaron el apagón no eran su responsabilidad. Extremo que no se probó en el juicio.

Finalmente se condenó a la empresa a pagar un porcentaje de la mitad de los gastos de iglesia y alquiler del salón, disc jockey, vestimenta de los novios, peinado y maquillaje, catering, fotos y video. El fundamento de esa reducción es que todos esos servicios fueron utilizados por los novios, aunque en condiciones muy diferentes a cómo habían sido programadas.

La sentencia no incluyó las tarjetas de casamiento por haber sido utilizadas antes del corte, y los gastos de alquiler del automóvil, por tratarse de un regalo de casamiento. Pero sí le sumó 10 mil pesos ($1 millón al monto actualizado) a cada uno de los novios en concepto de resarcimiento por el daño moral.

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